7.7.14

Marco Aurelio en sus deliciosas Meditaciones














Que Marco Aurelio fuera emperador no le hacía ni mejor ni peor. Lo suyo, además del mantenimiento del Imperio era el sano ejercicio del pensamiento. Sabía bien cómo la intensidad no riñe con lo efímero, y que no hay que esperar más de las cosas que aquello que pueden darnos en su justa medida: "El tiempo de la vida humana, un punto; su sustancia, fluyente; su sensación, turbia; la composición del conjunto del cuerpo, fácilmente corruptible; su alma, una peonza; su fortuna, algo difícil de conjeturar; su fama, indescifrable. En pocas palabras: todo lo que pertenece al cuerpo, un río; sueño y vapor, lo que es propio del alma; la vida, guerra y estancia en tierra extraña; la fama póstuma, olvido." En el capítulo II de sus Meditaciones puede parecer pesimista, pero la experiencia de la vida le hace concluir en lo que es. ¿Se queda ahí? En absoluto, pues continua: "¿Qué, pues, puede darnos compañía? Única y exclusivamente la filosofía."

Dicho de este modo el lector de hoy, sumergido como cualquier habitante del planeta Consumo en lo aparente y líquido, considerará la conclusión de Marco Aurelio como una aspiración trasnochada, propia de ancianos que ya no tienen vuelta de hoja de la vida. Pero su concepto de la filosofía es firme y claro: "Y ésta consiste en preservar el guía interior, exento de ultrajes y de daño, dueño de placeres y penas, sin hacer nada al azar, sin valerse de la mentira ni de la hipocresía, al margen de lo que otro haga o deje de hacer; más aún, aceptando lo que acontece y se le asigna como procediendo de aquel lugar de donde él mismo ha venido." Lo que nos propone, y permanece tantos siglos después en activo, ¿no es sino un tratado del saber vivir y conducirse más propio de gente que aún tiene toda la vida por delante que de ancianos desahuciados?

Naturalmente, además de político y militar, Marco Aurelio es un reflexivo delicioso. Sus expectativas de la vida ¿no las iba a rematar con la certeza de quien ha visto a tantos ser llevados por Caronte en su barca? De ahí que no olvide: "Y sobre todo, aguardando la muerte con pensamiento favorable, en la convicción de que ésta no es otra cosa que disolución de elementos de que está compuesto cada ser vivo. Y si para los mismos elementos nada temible hay en el hecho de que cada uno se transforme de continuo en otro, ¿por qué recelar de la transformación y disolución de todas las cosas? Pues esto es conforme a la naturaleza, y nada es malo si es conforme a la naturaleza."

La sabiduría no es hacer disquisiciones sobre lo abstracto o investigar la materia concreta y parcial de los elementos. Es sobre todo marcar direcciones para el camino y disponer del calzado apropiado. Desbrozarlo y andarlo con la libertad clara de quien lo quiere recorrer con conocimiento de causa.


5.7.14

Glenn Gould, prestidigitador y fetal














Pianista Glenn Gould, en una entrevista a principios de los 70: "Lo que ocurre entre mi mano izquierda y mi mano derecha es un asunto privado que no le importa a nadie." Y sin embargo lo que tenía lugar entre ambas manos era y no era un juego, era y no era un ejercicio, era y no era invención. Todo su cuerpo involucrado, ignoramos de qué manera repercutiría sobre su espalda aquellas posturas, la arqueada inclinación sobre el teclado. Pero eso, ¿qué nos importa a nosotros, morbosos espectadores, que solo deberemos dejarnos llevar por la colección de arpegios para gozar del resultado del piano que habla como la emoción misma? Nos admirábamos con las manos que salpicaban las teclas de manera loca (aparentemente) o con su propia posición fetal que adquirían la forma de un ovillo de sonidos o con el tarareo que musitaba como acompañamiento sin fin a cuanta nota arrancaba de la partitura. Aquella frase de un profeta, no sé si carnal o literario, "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha", no tiene mucho valor en el caso Glenn. El sabía, siquiera de manera subrepticia y sensorial, lo que hacía, pues las sensaciones son tan inteligentes como la capacidad de racionalizar.  Prestidigitación al fin y al cabo, sin trucos, pues no me cabe duda de que sus manos sabían lo que tramaban. Era la historia de una complicidad con la mente, que ordenaba y desordenaba a discreción los ritmos que no se le resistían jamás. Era el elemento travieso, que diría el compositor y pianista Dimitri Mitropoulos. Y es que en toda expresión, la travesura vivifica tanto...Tal vez porque es el último elemento natural y primario que nos sigue vinculando al origen de la materia. Hasta en un músico.




2.7.14

Tempus edax, entre Ovidio y Hermannus Posthumus



















"Tú, tiempo devorador de las cosas, y
tú, envidiosa vejez, todo lo destruis."

Reproche de Ovidio en el libro XV de su Metamorfosis, y si bien se refiere a los cuerpos y en general a la vida de los hombres se podría extrapolar a las obras de estos. Un pintor holandés del siglo XVI poco conocido, llamado Hermannus Postuhumus y que, como tantos otros del Norte, se sintió atraído y atrapado por la grandiosidad de los restos romanos, lo interpretó en uno de sus cuadros. Un paisaje que él reinventa en base a una acumulación atosigadora de ruinas de edificios, de esculturas y de inscripciones que se hallarían desperdigadas por Roma. Tal vez Ovidio fijaba con su Tempus edax el ineludible destino que marca las culturas y las vidas que se han sucedido. ¿Sería su manera de desahogarse, echando en cara al transcurso y la accidentalidad  -no otra cosa es el tiempo-   los límites a los que nos condena? El tiempo: ese perturbador elemento, entre abstracción y sentencia. Al lema de Ovidio solo se me ocurre replicar con otro clásico: Carpe diem.



















29.6.14

La fábula para Juan Ramón Jiménez














Juan Ramón Jiménez opina sobre la fábula en su obra más inmortal: "...siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma caída del final." 

Ay, qué cerca estoy del poeta. Es lo que tiene releer de mayores Platero y yo, y ver el mundo con alma de niño inquisitivo todavía. Pero un niño que juega con la ventaja de deleitarse como nunca con el lenguaje y de comprender lo que se le escapaba de la trastienda de cada capítulo del libro. Aún no tengo claro cómo se ha podido considerar durante un siglo solamente un libro para niños. Ahora que se cumplen cien años de su primera publicación, rezuma frescura por todas partes y lejos de ser una mera obra etnológica tiene que ver más bien con el pensamiento y la vindicación de la ingenuidad por parte del autor. Es ahora cuando me cala del todo y me da claves, tras aquella primera lectura obligada de infancia que se me escapa en toda su dimensión.  ¿Proyectaba Jiménez la sublimación del mundo de la naturaleza y de la infancia para que ya en nuestro mundo de adultos recurriéramos como una necesidad a su recuerdo? ¿Acaso porque con la carga poética de cada página iba la descripción de un mundo que seguimos necesitando? ¿O porque la poesía es una herramienta superior para ahondar en el conocimiento de la vida? 

Tomo al azar un capítulo, el CXXV, titulado La fábula y me doy cuenta de que comparto ese contra gusto de Juan Ramón Jiménez acerca de las fábulas.

"Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la iglesia, a la guardia civil, a los toreros y al acordeón. Los pobres animales, a fuerza de hablar tonterías por boca de los fabulistas, me parecían tan odiosos como en el silencio de las vitrinas hediondas de la clase de Historia natural. Cada palabra que decían, digo, que decía un señor acatarrado, rasposo y amarillo, me parecía un ojo de cristal, un alambre de ala, un soporte de rama falsa. Luego, cuando vi en los circos de Huelva y de Sevilla animales amaestrados, la fábula, que había quedado, como las planas y los premios, en el olvido de la escuela dejada, volvió a seguir como una pesadilla desagradable de mi adolescencia. 

Hombre ya, Platero, un fabulista, Jean de La Fontaine, de quien tú me has oído tanto hablar y repetir, me reconcilió con los animales parlantes; y un verso suyo, a veces, me parecía voz verdadera del grajo, de la paloma o de la cabra. Pero siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma caída del final. 

Claro está, Platero, que tú no eres un burro en el sentido vulgar de la palabra, ni con arreglo a la definición del Diccionario de la Academia Española. Lo eres, sí, como yo lo sé y lo entiendo. Tú tienes su idioma y no el mío, como no tengo yo el de la rosa ni ésta el del ruiseñor. Así, no temas que vaya yo nunca, como has podido pensar entre mis libros, a hacerte héroe charlatán de una fabulilla, trenzando tu expresión sonora con la de zorra o el jilguero, para luego deducir, en letra cursiva, la moral fría y vana del apólogo. No, Platero..."

Francamente, los desenlaces que se han pretendido morales, esto es, de imposición y de convergencia con lo que hay que pensar, no suelen cuadrar bien con los espíritus transgresores. ¿Y hay algo más transgresor que la fuerza del pensamiento y el alma interrogativa de un individuo?

Caigo en la tentación de la moraleja y recomiendo: aprovechad el tirón de 2014. Es una fortuna conmemorar uno de los libros de nuestra idiosincrasia. ¿La del español? No, la del hombre.




25.6.14

Diálogo de dos castrados: una historia como la vida misma, por Voltaire
















Uno de los cuentos más breves y divertidos de Voltaire es el titulado Dialogo del Capón y la Pularda. En él ambos animales castrados se cuentan sus penas. El Capón tiene claro el destino de su condición, que no es otro que acabar como yantar de los abates glotones. La Pularda descubre análogo fin a través de lo que el capón le va informando.


"La Pularda

¡Qué bribones más abominables! Estoy a punto de desmayarme. ¿Cómo? ¿Me arrancarán los ojos? ¿Me cortarán el cuello? ¿Me asarán y me comerán? ¿Y no tienen remordimiento esos malvados?

El Capón

No, amiga mía: los dos abates de que os he hablado decían que los hombres nunca tienen remordimiento por las cosas que están acostumbrados a hacer."

La costumbre  -la tradición, la normalización de comportamientos, lo asiduo- lo justifica todo, no hay más que mirar en derredor. Doble tortura, doble condición insoslayable pues para ambas aves. Primero ser capados para que engorden mejor. Después, que el engorde suponga un suculento plato destinado a la gula humana, en cuya práctica cierto clero llevaba fama y cardaba lana. Pero en esta metáfora lo que se cuestiona es el procedimiento hipócrita de la sociedad que conoció Voltaire, que se regía por la sibilina y maniquea moral eclesiástica, de doble rasero. Habla el Capón sobre las conductas de los que dictan pautas y controlan conciencias de este modo:

"...No hacen leyes más que para violarlas; y lo peor es que las violan a plena conciencia. Han inventado cien subterfugios, cien sofismas para justificar sus transgresiones. Se sirven del pensamiento únicamente para autorizar sus injusticias, y solo utilizan las palabras para disimular sus pensamientos. Figúrate que, en el pequeño país en que vivimos, tienen prohibido comernos dos días de la semana; pues encuentran medios para eludir la ley; además de que esa ley, que te parece muy favorable, es muy bárbara; ordena que esos días se coma a los habitantes de las aguas; van en busca de víctimas al fondo de los mares y los ríos. Devoran criaturas de las que una sola cuesta con frecuencia más del valor de cien capones; a eso le llaman 'ayunar, mortificarse'. En fin no creo que sea posible imaginar una especie al mismo tiempo más ridícula y más abominable, más extravagante y más sanguinaria."

Contundente fustigador de una sociedad que tocaba a su fin, Voltaire arremete impetuoso e irónico contra sus representantes más reaccionarios. Pero si supiera cómo persisten aún los oscurantismos y de qué manera la práctica depredadora se ha extendido hasta el más pequeño de los seres humanos de esta tierra...¿Quedará solo la venganza como recurso de los pobres? Dice la Pularda al final del cuento:

"¡Ojalá consiga dar al malvado que me coma una indigestión que lo haga reventar! Pero los pequeños se vengan de los grandes con vanos deseos, y los poderosos se burlan de ellos."

Magnífico desenlace moral de Voltaire. Todavía se hace imprescindible la lectura de sus cuentos. Francamente gozosos.



24.6.14

La confesión de Frida Kahlo




















¿Palabras del sufrimiento y de la consolación? ¿O cuando el conocimiento utiliza los caminos más intrincados y dolorosos? Leo un párrafo volandero de Frida Kahlo:

"No reniego de mi naturaleza, no reniego de mis elecciones, de todos modos he sido una afortunada. Muchas veces en el dolor se encuentran los placeres más profundos, las verdades más complejas, la felicidad mas certera. Tan absurdo y fugaz es nuestro paso por el mundo, que solo me deja tranquila el saber que he sido auténtica, que he logrado ser lo mas parecido a mi misma que he podido.”

A veces llegan los signos del verdadero valor desde lo imprevisto, como también desde las más angustiosas obscuridades. Pero ¿quién elegiría ese saber si le avisaran previamente que iba a ser sometido a la experiencia más cruel en su propio cuerpo? Y sin embargo, ¿cómo no admitir que una cierta dosis de autenticidad nos ha puesto frente a nosotros, como un espejo que no engaña?



21.6.14

La Ítaca de José Florencio Martínez




















Hay poetas recónditos que, como la trufa, ¿no resultarán al fin y al cabo los frutos más sabrosos? No son poetas que se esconden porque sí sino que lo suyo no es vivir de exhibirse demasiado (hay de todo, se dirá) Se sazonan en su propio ámbito y descienden a las profundidades donde aprendizaje y madurez se incuban en un dinámico crisol desde donde hacen emerger la propiedad de sus palabras. "Remar era la vida. Y la esperanza," canta uno de estos poetas recónditos, José Florencio Martínez, en su imprescindible poemario Teseo no saldrá del laberinto, editada por In-verso ediciones de poesía. Y así se nos muestra que en aquella búsqueda de Ítaca  -cantada por Homero y más tarde por Cavafis-  aún hay espacios para los matices. Poema Vivir era remar:


"Remar era la vida. Y la esperanza.
Luego llegamos a Ítaca y los sueños
-sin metas ni horizontes- se esfumaron
y las naves se pudren en la playa.

Sin Cíclopes, ni Circes, ni fenicios
a quien comprar sus bellas mercancías,
sin aventuras y experiencias nuevas,
sin belleza es insípida la vida.

En las doradas playas del recuerdo
sólo hay sombras o espectros de los años.
Vivir era remar, soñar… Ahora,

sentados a la sombra de la parra,
sólo esperamos, viendo los confines,
que arribe ya la barca de Caronte."


Y a modo de discrepancia con los últimos versos el lector se escalofría con la calma. Y quiere resistirse: que Caronte se pasee a distancia de la costa, se escucha decir a sí mismo el estremecido lector. Ya sabemos que no hay dique que pueda detener el oleaje fatal. Pero qué ilusión, mientras, alzar frágiles muros de arena. Siquiera como juego. Y qué sentido habrá tenido al menos haber perseguido siempre la belleza, con tal de que nuestra vida no resulte insípida





















20.6.14

Ocurrente Kenko Yoshida




















Kenko Yoshida, bonzo y reflexivo japonés de hace siete u ocho siglos comenta en su obra Tsurezuregusa (Ocurrencias de un ocioso) : "Hay un sinnúmero de cosas que, adheridas a otras, las debilitan y consumen." Si esto lo pensaba un hombre que miraba el mundo ya hace tanto tiempo, no sólo desde fuera sino sobre todo hacia adentro, y más todavía hacia sí mismo, ¿qué no diría de haber vivido hoy? Estos tiempos nuestros en que la existencia cotidiana lleva un ritmo galopante, cuando no un frenesí, por tomar y poseer objetos y posiciones de vida que son tan mercantiles como el objeto mismo. Donde todo se reproduce bajo el mismo paradigma al nivel de clase que sea, construyendo castillos en el aire aunque sean simples chozas de imitación sobre modelos superiores que devienen tan efímeros como los que alzamos los de abajo. La descripción, no exenta de ironía del humilde y asombrado Kenko, matiza: "En el cuerpo tenemos los piojos; en la casa, los ratones; en la nación, los bandidos; en los hombres incultos y bajos, las riquezas; en las personas educadas, la benevolencia y la rectitud. Los monjes tienen la religión." Adherencias que siguen en vigor, unas sin variar, otras acaso con diferentes nombres: donde dice piojos, que aún los hay, pongamos virus, por ejemplo. Además de monjes y clérigos en general pensemos en otras instituciones: de armas, de administración pública, de influencia mediática, de intermediarios políticos...con sus correspondientes tenemos. Y la idea no habrá cambiado. 

Oxígeno puro estas Ocurrencias ociosas de Kenko Yoshida. De mesilla o cabecera, vamos. Como indica Justino Rodríguez, traductor y editor de la obra, "Kenko es feliz en medio del ocio". Donde ocio no es abandono sino meditación y observación que le permite extraer conclusiones de la misma experiencia del vivir. Y eso, de alguna manera, produce satisfacción liberadora. 



17.6.14

Gabriel Ferrater: literatura del calamar.















Qué necesario escuchar atentamente el magnífico juego de la metáfora que se trae Gabriel Ferrater en el poema Literatura incluido en Las mujeres y los días:


"Tan vehemente, se dijo un calamar,
hago el ridículo: un chorro fino de tinta
ya desvía estos monstruos, tan poco críticos.

Perdida la abundancia del corazón,
descubrió la voluptuosidad formal:
mentirse objetivado en el arabesco
y mostrarse aún en él, subjetivo.
A la altivez de no esconderse mucho, 

la llamó sinceridad; al miedo de verse
demasiado expuesto, sentimiento del estilo.
Con la esperanza de que los espasmos
del agua irían a su favor,
confió en el lenguaje. Murió
devorado: lo inefable lo tentó."



¿Simple metáfora? Tal vez lo constató en su tiempo y en su carne, pero sin preverlo ¿no vemos también una descripción de ciertos escribientes actuales que se pretenden a sí mismos? Nos rodean plétoras de Yos, conciliábulos de sonoras grandilocuencias, mesnadas de portadores de la impedimenta de las letras tratando de poner una pica donde fueron colocadas antes miles, simples vagabundos de escasas lecturas que prefieren ignorar más que afrontar sus realidades cotidianas soñando bajo el manto de las estrellas del engreimiento, eternos aspirantes a la meritocracia literaria. De todo hay en la viña. Ya: humanos somos y nos tienta el probar, pero ¿para cuándo la humildad en el comprobar? El tino y la hondura del poema de Ferrater me supera y me quedo pensando: ¿será eso, al fin y al cabo, el inalcanzable oficio de la literatura? O acaso por esa misma razón la literatura aletea, si bien haya que separar el polvo de la paja: por intentar lo inefable.

  












Imagen superior: pintura de James Guppy



15.6.14

La certeza de Yolanda Pantin





















"Llamo 'certeza interior' a tener conciencia de las pérdidas,
del fracaso y de la derrota."

De este modo hace sonar el golpe la venezolana Yolanda Pantin en su poema Querido Igor. Pero un golpe o mil que traen su necesaria dosis de conciencia, ¿es un golpe que aniquila? Acaso también es el consuelo, la comprobación de que se ha vivido, sea cual sea el resultado cosechado. Y luego las preguntas: ¿se pierde lo que no se llega a tener? ¿Es derrota si fuimos mal pertrechados a combates desiguales? ¿Hay fracaso si aspiramos a más de lo que podíamos obtener? Pero las preguntas racionales no son poesía. Mejor escuchar completa la de Yolanda Pantin:

"Llamo 'certeza interior' a tener conciencia de las pérdidas,
del fracaso y de la derrota.

Pérdidas por lo que hemos acumulado
como saldo de la vida; derrota
por las batallas que no hemos ganado,
ni ahora ni nunca; fracaso
frente a aquella adolescente que
amó los caballos y la pintura
y que ahora se ofrece al vacío."

Este poema forma parte del libro titulado País (Poesía reunida 1981-2011)



14.6.14

Georges Didi-Huberman y su mirada sobre lo que hay abajo














Georges Didi-Huberman en su libro Cortezas, a propósito del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau: "Un lugar como este exige a su visitante que se interrogue, en algún momento, sobre sus propios actos de mirada." Naturalmente, Didi-Huberman habla sobre el visitante turista de hoy día, o sobre el visitante peregrino que retorna de alguna manera a homenajear una memoria. Normalmente miramos y no vemos, o acaso es que no miramos como es debido, porque no queremos ver, porque la mirada siempre es inquisitiva y, por lo tanto, cuestiona. Continúa el autor:  "Me di cuenta, con el tiempo, de que una cierta configuración de mi propio cuerpo  -una talla pequeña, ojos que siguen siendo miopes, a pesar de todas las gafas, un cierto miedo fundamental-  me incitaba a mirar, más que otras cosas, las cosas que están abajo. Camino, por lo general, mirando el piso. Algo ha debido persistir de un miedo muy antiguo  -mejor sería decir infantil-  a caer. Pero también de una cierta propensión a la vergüenza, de tal modo que mirar a la cara me fue durante mucho tiempo tan difícil  -el sentimiento de que era necesario un coraje auténtico-  como necesario." 

¿Está acaso la magnitud de lo que nos rodea -los objetos cotidianos, el paisaje, las ruinas, los edificios, las imágenes del pasado-  simplemente para echar una mirada de paso? Depende de nosotros, porque cada uno de esos objetos que no se ven solamente con mirar al suelo o no observarlo bien o no mirar, transmiten. Como la corteza de un árbol habla del árbol mismo y éste de sus raíces y más allá también de todo el bosque. Didi-Huberman: "De ello resultó, de una manera natural, un conjunto de gestos imperceptibles destinados a concentrar, más que a extender, mi campo visual. Entonces me acostumbré a transformar esta timidez general ante las cosas, estas ganas de huir o de quedarme en un estado de perpetua atención flotante, en observación de todo lo que está abajo: las primeras cosas que se ven, las cosas que tenemos 'bajo la nariz', las cosas terrenales. Como si inclinarse para ver me ayudara a pensar un poco mejor en lo que veo. En Birkenau, sin duda un abatimiento particular ante la historia me hizo inclinar la cabeza un poco más que de costumbre." Preciso autoanálisis de una mirada más larga e inusual que Didi-Huberman realiza sobre su experiencia de viaje a Birkenau, donde desaparecieron antepasados suyos.

Cortezas es un libro editado por Contracampo Shangrila Libros.

   













11.6.14

Las Luzes de Manuel Rivas




















Manuel Rivas, escritor y también promotor de la revista gallega Luzes, con media docena de números en su haber: "En estos tiempos en que vivimos un periodismo de extinción, creo que nuestra revista es novedosa." Lo comenta en una entrevista que le hacen los de otro medio joven, Números rojos. "Pero el motivo de esta apuesta no es llevarle la contraria a la corriente, creemos que se puede aprovechar la provocación benéfica que significa apostar por el papel, pero también llevar a cabo una insumisión ante este momento de derrota profesional." Curioso. Mientras los grandes medios devoran a sus hijos, que son tanto las propias cabeceras como, sobre todo, los empleados, Manuel Rivas arriesga. "También queremos que Luzes sea un lugar, un espacio para la memoria, la emoción, la cooperación, la creatividad o la solidaridad, frente a la deshumanización de los 'deslugares'. La idea es crear un sentimiento opuesto a la sensación de desolación que nos invade cuando se cierra un cine, una librería o una taberna de toda la vida; queremos que Luzes sea un punto de encuentro para gente que se estaba quedando dispersa, metida en sus cuevas. Cuando se vacían los espacios públicos, y esto está pasando ahora, ves que la gente anda como más oblicua, hay un achicamiento de la vida y del espacio social. Porque el neoliberalismo va asociado a un tipo de urbanismo de fortalezas, de guetos y de grandes autopistas que quiebran. Nosotros reivindicamos la red de caminos, los senderos…" 

¿Bastará? ¿Se trata de un retroceder por hundimiento o para tomar carrera y volver a la carga? Acaso simplemente para mantenerse. Continúa Rivas: "El periodismo no solo tiene una crisis económica, también de identidad. Hay mucha gente dentro que no cree en lo que hace. Como los poetas que piensan que la poesía es hacer rimas como el que hace un crucigrama. Otros periodistas se han llegado a plantear si somos necesarios, peor crisis imposible. Frente a esa situación de autodestrucción, la gente que quiere hacer un periodismo nuevo o diferente tiene que nacer otra vez del suelo. Para resistir, el periodismo necesita 'reexistir', tener una segunda vida, entender que lo que tenemos entre manos es una materia delicada, un bien común como el pan o la leche, y que ahora es más necesario que nunca." Buenas intenciones no le faltan. Fe, da entender que no le flaquea. Siempre es admirable que haya gente como el escritor gallego y su equipo de la revista que no tiene inconveniente en tirarse a la piscina. ¿Resultará?




















Arriba: Foto de Sol Mariño en Números rojos.



10.6.14

Ósip Mandelstam se pregunta
















"¿Acaso el corazón es solo un trozo de carne asustada?", se pregunta el poeta Ósip Mandelstam. Que la ruidosa turbulencia del músculo se convierta tantas veces en pálpito nos habla de la particular e inquieta energía de la que está dotado. Pero, ¿por qué se lo preguntaría Ósip Mandelstam?




8.6.14

La regla de tres inversa de la riqueza, al decir de Matsúo Basho




















Cuando la regla de tres inversa se impone a la simple. Leído en Sendas de Oku, de Matsúo Basho: "En Obanazawa visitamos a un tal Seifu. Hombre nada vulgar, a pesar de su riqueza." ¿Quién dijo que tener riquezas implicaba ser excepcional y culto? ¿Quién no ha visto alguna vez personajes encumbrados que no sabían hacer la o con un canuto y solo hablaban de la bolsa, de coches y de putas? No sé si en el Japón del siglo XVII aquellos que tenían muchos bienes serían gente sumamente ordinaria en su fuero interno, incluida la parte del conocimiento y de la calidad humana. Al escuchar a Basho se diría que los bienes embrutecían. Él relata una excepción y expone un caso de comportamiento que ennoblece a Seifu: "Como de vez en cuando los negocios lo llevaban hasta la capital, comprendía las necesidades de los viajeros y las penalidades que sufren en sus viajes. Nos dejó su casa por unos días y, no satisfecho con dar reposo a nuestros quebrantados cuerpos, nos ofreció muchos entretenimientos." Tal vez la verdadera riqueza sea la generosidad, la entrega solícita. ¿O jugaría el tal Seifu con ventaja? Ah, luego me entero que, no obstante sus negocios viento en pompa, lejos de darse a la vida bruta que se daban otros mercaderes él practicaba la poesía. Solidaridad, pues, entre sensibles de las letras (en este caso de los pictogramas)



Pintura de Buson representando a Matsúo Basho


7.6.14

Una de guerra para Antony Beevor















No dejar las cosas al azar es una expresión muy extendida. Que implica el reconocimiento de ese indefinible estado que nos puede sorprender, por mucho que organicemos nuestros actos. Azar puede significar flaqueza en la previsión o no tomar medidas a tiempo: eso sería dejar el camino expedito a que lo que pretendemos no se logre. Pero incluso en grandes movimientos de la vida personal o colectiva, en actos de envergadura del individuo, de la tribu inmediata o de un Estado, por mucho que se trate de controlar puede haber situaciones inesperadas. O que si se esperaban (¿no se habla tanto hoy de un plan B para cualquier gestión?) podrían desbordar los planes. Y no te cuento lo que ha tenido que suceder en otros tiempos. Leo en una entrevista de El País al reputado historiador británico Antony Beevor: "La historia puede ser engañosa cuando miramos hacia atrás. A menudo, esto anima a pensar que todos los eventos tuvieron que salir como salieron. El éxito de la invasión a través del canal el 6 de junio parece inevitable debido a la superioridad militar de los aliados. Pero el azar jugó un papel muy importante. Un número de oficiales de alto rango esperaba un desastre. La meteorología era crucial. El general Eisenhower se enfrentó a una decisión muy difícil. Si hubiera tomado la decisión equivocada sobre si se debía o no confiar en las estimaciones de los meteorólogos, que le informaron de que iba a haber una breve pausa en el mal tiempo el 6 de junio, y hubiese retrasado la invasión dos semanas, entonces la flota aliada se hubiese enfrentado a la peor tormenta conocida en el Canal durante 40 años. Si se llega a posponer la invasión por segunda vez, esto habría dañado gravemente la moral y casi seguramente revelado el objetivo a los alemanes." ¿Acaso esta criterio significa que el historiador es un fiel creyente del azar? Probablemente, no, pero como buen analista sabe que los agujeros existen en las previsiones de los actos de los hombres y que, incluso con una dotación de técnica y de fuerza no existente antes, puede introducirse un elemento incontrolable y tirarlo todo por los suelos. A mí me hace meditar sobre los límites de la especie y del espécimen. 














Arriba: fotografía de Robert Capa


5.6.14

François Cheng y la aparición de la belleza




















"La belleza es un aparecer ahí." François Cheng, en Cinco meditaciones sobre la belleza. Una rosa, el ejemplo típico, y no se pregunte más. Pero también una sonrisa, la aparición de alguien que nos sorprende y nos llena de gozo, una actitud generosa que nos hace concebir esperanzas, un alba cuya luz purifica, una idea cargada de hallazgo o comprensión para nuestra actividad intelectual, un paisaje inabarcable por su multiplicidad de elementos, una representación plástica deslumbradora. Es un estar esperando, pues por su propia condición de ser bella, la belleza nunca se detiene ni es inerte. Se hace y se deshace. Llega y se va para luego regresar y volverse a ir. ¿Es un estado, una condición, un artificio en sí misma? Acaso una revelación. "Toda belleza es singular y, según los momentos y las luces, su manifestación, por no decir su 'surgimiento', es siempre inesperado. Una figura de belleza, incluso una a la que estuviéramos acostumbrados, debería presentársenos cada vez como nueva, como un advenimiento. Por esta razón la belleza siempre nos conmueve. Hay bellezas llenas de una luminosa dulzura que, de repente, por encima de las tinieblas y del sufrimiento, nos remueven las entrañas; otras, surgidas de algún subterráneo, nos atrapan o nos arrebatan con su extraño sortilegio; otras, puro fulgor, subyugan, fulminan", puntualiza Cheng. ¿Propio todo ello para calificarla de manifestación pero también como de inasible belleza?


















Arriba: Ukiyo-e de Kitagawa Utamaro


4.6.14

Cosima Dannoritzer y el dedo en la llaga de los productos del consumo













Cacharrería de nuestros tiempos. Consumo desaforado para unos, contaminación para otros, imprevisible futuro para todos. Cosima Dannoritzer en la revista La marea sobre la llamada obsolescencia programada y la mala recuperación de los residuos: "Aquí se ve el círculo global en el que estamos. Yo compro algo hecho en China. Se recicla mal y acaba de nuevo allí, donde alguien sin protección lo recicla y le saca los componentes. Luego éstos se usan para otro chisme que yo compraré en las navidades siguientes. Y vuelta a empezar. El que lo ha vendido al principio gana dinero. Y también en el sistema de reciclaje en Europa alguien se queda con dinero porque lo ha vendido en lugar de reciclarlo." El círculo, que promete ser infernal, que ya lo está siendo para países tercermundistas de África, de la fabricación y reciclaje de los productos. Cosima ha realizado el extraordinario documental Comprar, tirar, comprar, donde se denuncia que al menos tres cuartas partes de los residuos electrónicos no se reciclan. El problema viene de atrás, cuando los fabricantes, pudiendo hacer productos de larga duración, los hacen para que duren poco y resulten fallidos. La obsolescencia programada, que ya viene desde las primeras bombillas a las medias de nylon hasta los actuales soportes informáticos. ¿Quién paga el pato? Porque el consumidor occidental paga dinero por un producto pensado en  cambiar cada dos por tres, pero en el Tercer Mundo se paga con la vida: "Vemos un paisaje destrozado, niños pequeños que queman los restos de residuos para extraer material, que tienen problemas en los pulmones, problemas de concentración… Cada elemento químico en cada aparato electrónico causa un tipo de daño y éste actúa a largo plazo." Imprescindible documental de la alemana Dannoritzer, cuya temática nos deja a todos fuera de juego. ¿No va siendo hora de que cambiemos el chip mental? 




3.6.14

Lo más grande, según Mujica













Medida del instinto, más que perspectiva filosófica: "La cosa más grande que tienes es que vives, que estás vivo." José Mujica, presidente de Uruguay, en una entrevista en el programa Salvados. Eso es hablar con propiedad. La sensatez de quien ha pasado experiencias duras en su propia carne. Estoicismo de base. Punto de partida, también de llegada, sobre todo de viaje. Conclusión no fácil de aceptar para quien se deja dominar por la competitividad que desazona, la soberbia que aleja y la avaricia sin límites. Sí saben de su justo valor quienes han sufrido. Nos toque o no deberíamos ponernos en la tesitura del sencillo reconocimiento de Mujica. 




1.6.14

Invocando los mundos sutiles













"yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles..."

Lo canta el poeta que nunca persiguió la gloria, pero que para muchos de nosotros por eso hoy precisamente es glorioso. Y sin embargo, cuánta densidad y extensión bajo lo que parece leve y etéreo. Pienso en esta mañana soleada, pero aún tibia, en cuantos humanos desde el dolor físico, la carencia de libertad o el límite de la desesperación desearían invocar esos mundos sutiles. Quién sabe si no lo hacen para sobrevivir.


Recomiendo:




Pintura de Tsuguharu  Foujita


29.5.14

El perro de Goya bajo el ojo de Antonio Saura
























No es la pequeñez, es el crecimiento incesante. Es la mirada, que es curiosidad. La espera, que es expectación. La calma aparente, que acaso sea indecisión. Nada que ver con el simbolismo tradicional del perro. Pintor Antonio Saura en el opúsculo El perro de Goya: "¿Y si el perro, además de ser cancerbero del reino de los muertos, imagen del terror nocturno, símbolo profético del tiempo, criatura en el gran desierto del mundo, alegoría renacentista de la ascensión del espíritu, emblema de la fidelidad y de la melancolía, fuese también, en plástica simbiosis, un retrato, una metáfora de un retrato humano, una reflexión sobre nuestra propia condición, y, por qué no, un autorretrato del propio Goya transformado en perro?" Síntesis que hago mía. Cuando me he plantado en El Prado ante el cuadro me he visto a mí mismo. ¿Nos lo legaría Goya como un reflejo purísimo, opuesto al mito de la caverna platónica? Ver la obra de Goya, no me canso nunca de decirlo, no es solo ver arte y además arte de vanguardia cuando las vanguardias no existían todavía. Es ver la intrahistoria del país y la imagen de confusión y zozobra de sus habitantes. Trascendamos: del individuo, sea cual sea su nacionalidad, estatus o calidad que le adoba. Sigue Saura: "...este perro que no se hunde, que apenas se asoma, que ni siquiera es guardián de su propio ámbito, este perro concentrado, tan presente y tan ausente a la vez, que contempla con pavor y con resignación algo que está sucediendo, tal vez la vastedad del universo, o quizá a nosotros mismos asistiendo al paso vertiginoso de la vida, o simplemente la humillación del hombre altivo y fértil, vencido por la edad y la pesadumbre, a quien para siempre sustituye." Ahí es nada. Y es todo porque es pintura, la materialización de la mirada del pintor, sin la cual el perro no estaría ahí. Pero sobre todo una pintura que nos puede decir, a lo Magritte, ojo que esto no es un perro.





26.5.14

Cuentos de la selva
















Tras la celebración democrática de ayer, ni pintada viene esta Canción nocturna en la jungla, de El libro de la selva, de Kipling:

"¿Cómo te fue en la cacería, cazador atrevido?
Larga fue la espera, hermano, y pasé mucho frío.
¿Dónde está la presa que anunciaste matarías?
Sigue viva, hermano, y en la jungla todavía.
¿Qué ha sucedido con la fuerza que te enorgullecía?
Herido estoy, hermano, y se me escapa por la herida.
¿Dónde quedaron las prisas con las que siempre corrías?
Hermano, me voy a morir a mi guarida."

Todas las selvas se parecen. Los humanos, como animales que somos, pertenecemos a una selva muy compleja, con sus peculiaridades. La selva hispanica tiene su idiosincrasia, ni peor ni mejor que otras, por lo que se está viendo por ahí fuera. Cuando uno ve el cuento de la selva próxima y los batacazos sonoros que se llevan los soberbios y quienes confían aún en ellos, no puede por menos que pensar en los personajes de Kipling. Ahora bien, ¿quién es el cazador? ¿Quién el tigre? ¿Quién Mowgli? ¿Quiénes los otros cazadores, los otros animales, las otras presas? ¿Quién tiene la osadía de pretender narrar sin formar parte de la escena? El día después siempre es el día anterior de otro capítulo. Sigamos vivos y generando vida, a pesar de la obstinación de los cazadores.




















Ilustraciones de Józef Wilkon para El libro de la selva, editado por El zorro rojo



25.5.14

Si Larra nos viese hoy














Fígaro en La Revista Española en el año 1833: "«En este país...», ésta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido. «¿Qué quiere usted?» -decimos-, «¡en este país!» Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: «¡Cosas de este país!», que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos." Cierto y sigue en vigor, aunque ya de forma muy minoritaria. Mas doy fe de ello, porque uno mismo cae en la expresión cuando percibe que este país le resulta oneroso y desalentador. Cuando uno habla del país como abstracción donde conjurar lo que considera agravio y desencuentro. País, por otra parte, que no podría tener sentido sin el paisaje y el paisanaje. Una tríada que hace del juego de palabras un acervo que contiene pero malamente explica.¿Desde cuándo vendrá la expresión? 

Continúa Mariano José de Larra en su artículo: "Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido." Pero, ¿no habíamos hecho una transición apenas unas décadas? Discutimos todavía si fue lo posible, o imperfecta, o incompleta...o semipensionista. Y uno se pregunta sin cesar: ¿es que la historia de este país es la repetición de transiciones porque a su vez ha retornado cíclicamente a noches de los tiempos de escaseces, penurias y persecuciones? 

Quiero hacer caso de la recomendación del maestro, aunque no me basta la buena intención: "Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle; volvamos los ojos atrás, comparemos y nos creeremos felices. Si alguna vez miramos adelante y nos comparamos con el extranjero, sea para prepararnos un porvenir mejor que el presente, y para rivalizar en nuestros adelantos con los de nuestros vecinos: sólo en este sentido opondremos nosotros en algunos de nuestros artículos el bien de fuera al mal de dentro. Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: «¡Cosas de España!», contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo."

Pero para que los buenos y grandes deseos de Mariano José se lleven a efecto, ¿no tendremos todavía que cambiar mucho en este país? De momento voy a dar un paso adelante. A partir de ahora cuando me queje sustituiré la expresión este país por la de este paisanaje. Creo que es más concreto y ceñido a las limitaciones de la realidad. Que este paisaje de hoy reparta suerte. 




22.5.14

La justicia como amor de los hombres, de Platón a Macrobio




















Macrobio, escritor de finales del siglo IV de nuestra era: "Examinando en profundidad la naturaleza de todas las cosas y de todos los actos, Platón advierte, a lo largo del discurso en que se propuso tratar acerca de la organización de la república, que hay que infundir a las almas el amor de la justicia, sin el cual ni la república, ni tampoco un pequeño grupo humano, ni siquiera una modesta casa, podrán subsistir." He ahí la clave: una cuestión de individuos, y que hoy más que nunca compromete y exige a los individuos devenidos en ciudadanos. En tiempos de justicia convulsa, cuando no de déficit, viene bien la reflexión. Nos recuerda que la justicia, antes que nada, es un asunto moral, una aspiración necesaria, pero también un asunto político, pues resulta ser condición sinequanon para la convivencia. Añade el neoplatónico: "Nada ayudaría tanto a inocular en los corazones esta inclinación por la justicia como el hecho de que no pareciera que su fruto desaparece al mismo tiempo que la vida del hombre." La deriva sobre la inmortalidad del alma que a continuación toma Macrobio en su Comentario al sueño de Escipión, de Cicerón, no resta interés a su criterio. La justicia no desaparecerá si se la cultiva como valor ético. Pero este valor debe se refrendado por una práctica que la eleve y no permita que los hombres pierdan su esperanza en ella. Porque, no nos engañemos, dejar la justicia para otra vida inexistente sería necedad. Y no perseguirla en ésta nos llevaría al desastre y al desaliento.  



20.5.14

François Cheng y la bondad humana














Filósofo François Cheng en Cinco meditaciones sobre la belleza: "La bondad no se valora hoy en día." Sensación que flota en el ambiente. Virtud, y también efecto beneficioso, a reconquistar. ¿Acaso ha desaparecido? Cheng: "Mal entendida, se ve reducida a algo que molesta por su aspecto bonachón o sosaina." En un mundo de chulos, violentos, competidores, tontos y soberbios se desvaloriza todo aquello que expresa, por naturaleza, buenas intenciones. Continúa el pensador: "Dada nuestra condición de condenados de la tierra, habitados como estamos por el sufrimiento, el espanto, la monotonía de la fealdad cotidiana y los deseos constantemente desviados, preferimos exaltar, en lo que se refiere a la belleza, lo más perverso, lo más dramático." Pero ¿es que acaso lo que suscita necedad o está impregnado por la maldad puede ser hermoso? "El pesimismo, incluso el cinismo, están bien vistos; halagan más eficazmente nuestras necesidades de irrisión y de rebelión. Sin embargo, hay que tener el valor de volver a la bondad, la verdadera." 

Uno sospecha que la clase de bondad que Cheng reivindica no es el sentimentalismo rosa, ni la bonhomía de la camaradería de bar, ni la exaltación de lo ingenuo por lo ingenuo. Tiene que haber algo más que defina la bondad. Y Cheng apunta: "Es exigencia misma, exigencia de justicia, de dignidad, de generosidad, de responsabilidad, de elevación hacia la pasión espiritual. Puesto que la vida humana está sembrada de adversidades, corroída por el mal, la generosidad exige compromisos cada vez más profundos; así, profundiza también su propia naturaleza y genera virtudes variadas como la simpatía, la empatía, la solidaridad, la compasión, la conmiseración, la misericordia." ¿Demasiadas propuestas? Reclamadas como una secuencia activa, cuyo orden es lo de menos, desmontan el etéreo sistema de vida de los ciudadanos del consumo. Pero no se trata de ser bondadoso para exhibirse y ser contemplado como parte de todo lo que hoy día se diluye, sino más bien como elemento de conocimiento interior y de forja de vínculos que reconquisten un sentido más personal de la vida social. Cheng: "Todas esas virtudes implican un don de uno mismo, y el don de uno mismo tiene el don de recordarnos, una vez más, que el advenimiento del universo y de la vida es un don inmenso. Ese don que cumple su promesa y que no  traiciona es en sí una ética."

De alguna manera, es volver al principio: reconocernos en la fortuna del existir, en que estamos aquí porque la naturaleza plural ha querido y sigue queriendo, no obstante nuestro maltrato. Tanta violencia, degradación y actitud vital del sálvese quien pueda ¿no estarán motivadas por la pérdida de la referencia principal? La de que somo hijos del don.





18.5.14

Más sombras: Francisco Brines












"Hay que seguir, una vez más, la sombra
por el nocturno callejón",

Recita Francisco Brines en Metáfora de un destino, poema incorporado a La última costa. Y envidiarían Jung o Deleuze o el mismo Platón la claridad que el poeta tiene acerca de la vida y del eros. El eros como garantía de que no perecemos. Puesto que las sombras son y nos envuelven, o nos duplican, o toman nuestro lugar, o tratan de ser nuestros auténticos Yo, ¿por qué no un diálogo fecundo con ellas? ¿Por qué no dejarnos desbordar por sus corrientes antes de sacrificar en vano nuestro impulso? Si acaso un trueque, tal vez una espera, la paciencia justa para no ceder a los temores que siempre nos habitan. Rienda suelta a la propuesta de placer que sugiere la pulsión de una sombra en lo más recóndito e inesperado.


     "Hay que seguir, una vez más, la sombra
por el nocturno callejón,
y al desaparecer la sombra en lo más negro,
en la abyecta humedad de los orines,
llegar a ella con miedo, en la anulada oscuridad,
y después esperar, en un minuto vacío que es eterno,
el temblor del placer a la espalda del mundo
para afirmar la vida,

     o el relámpago hostil, de plata fría,
que trueca el cuerpo en pálido sudor
para afirmar así la mísera existencia."





16.5.14

Deleuze y el combate con las sombras














"La lucha con las sombras es la única lucha real." Gilles Deleuze. Lo comprendo mejor si me retrotraigo a la infancia, donde el mundo de las sombras resultaba menos explicable. ¿Es que acaso de adulto se supera? Seguramente lo habitamos de modo análogo, con la diferencia de que nuestra conciencia de edad que avanza nos engaña. Y de que entramos todavía más a fondo en el juego de engañarnos, como una estúpida y ciega, pero en ocasiones utilitaria, manera de sobrevivir. Que las sombras más íntimas nos acompañan fieles es indiscutible. El combate o, mejor dicho, la manifestación de nuestra conciencia en su mundo, adquiere categoría imprescindible. Deleuze: "Cuando el cuerpo visible se enfrenta cual luchador a las potencias de lo invisible, no les da otra visibilidad que la suya. En aquella visibilidad es donde el cuerpo lucha activamente, afirma una posibilidad de triunfar, que no tenía en cuanto que ellas permanecían invisibles en el seno de un espectáculo que nos quitaba nuestras fuerzas y nos desviaba. Es como si ahora llegara a ser posible un combate. La lucha con la sombra es la única lucha real. Cuando la sensación visual se enfrenta a la fuerza invisible que la condiciona, despeja entonces una fuerza que puede vencer a esta, o bien hacerse su amiga. La vida grita contra la muerte pero la muerte ya no es precisamente eso demasiado visible que nos hace desfallecer, esa fuerza invisible que la vida detecta, desaloja y muestra gritando. La muerte se juzga desde el punto de vista de la vida y no al revés en donde nos complacíamos." ¿Es el desarrollo de nuestra capacidad creativa la mejor arma y el mejor triunfo para purificarnos en un combate con las sombras, al que no hay que renunciar?



13.5.14

Omar Jayyam o cuando la nada es algo















"Mucho has visto del mundo y cuanto has visto es nada", recita Omar Jayyam en una de sus tan desenfadadas como hondas robaiyyat. ¿Demasiado grande el mundo, incluso el nuestro, para sentirnos poseedores de él? Jayyam baja las ínfulas de los presuntuosos:

"Mucho has visto del mundo y cuanto has visto es nada;
cuando has dicho y oído en él, también es nada;
corriste hasta el confín del horizonte: nada;
furtivo te escondiste en casa: también nada."

No es nihilismo lo que plantea el poeta persa. Es viaje y retorno, vuelta circular, escepticismo en la contemplación, no sé hasta qué punto mística, por cierto. Materialismo que rebaja los humos. Quien condene a Jayyam a simple escritor sobre el vino y sus recursos se queda corto. Necesitamos hoy releerlo, necesitamos hombres Jayyam. 



Pintura de Mery Maroto


11.5.14

La rabia de Pasolini




















"¿Por qué nuestra vida la dominan el descontento, la angustia, el miedo a la guerra, la guerra?", se pregunta Pier Paolo Pasolini al comienzo de la película La rabbia. Pasolini también debió sentir el acoso de la rabia en estado puro y latente cuando, a pesar de haberle encargado la película, el productor decidió incorporar una segunda parte, manu Guareschi, en las antípodas del pensamiento y el enfoque del primero. Para no suscitar demasiado disgusto a aquellas clases pudientes que tan pronto se ponían un traje como se cambiaban a otro para adecuarse a las circunstancias. Pues bien, la pregunta inicial obtiene el ensayo de respuesta con el film mismo. Unas palabras de Pasolini electrizan y hace meditar al espectador:

"Si no se grita viva la libertad humildemente
no se grita viva la libertad.

Si no se grita viva la libertad riendo
no se grita viva la libertad.

Si no se grita viva la libertad con amor
no se grita viva la libertad."

¿No hay un halo de idealismo y de utopía en un cineasta al que se le puede acusar de lo que se quiera menos de inconsecuente en su moral y su trayectoria?







9.5.14

Máxima once del manual de Epicteto




















"Nunca digas por nada lo perdí, sino lo devolví." Epicteto y su directa al hígado de nuestro aberrante sentido de la propiedad de todo. "¿Tu hijo murió? Fue devuelto. ¿Tu mujer murió? Fue devuelta. Fui despojado de mi hacienda, también esto fue devuelto." Máxima de difícil digestión en estos tiempos nuestros en que creemos que con la medicina y el derecho, entre otras aportaciones puestas al día, podemos preservar vidas y haciendas, y encima nos creemos dueños de ellas. Sigue el filósofo: "Pero el que me lo quitó es malo. ¿Qué te importa a ti el porqué te lo quitó quien te lo dio?" Hable de los dioses, del destino o del suceso sin fin de la naturaleza, riza el rizo y no estamos por la labor, ¿verdad? Sin embargo, ¿no ayuda su planteamiento a una mejor asimilación de los aconteceres terribles que la existencia depara antes o después? Concluye: "Mientras te lo preste, cuídalo como si fuera ajeno, como hacen con el hostal los viajeros." El carpe diem tradicional es también solicitud y cuidado. ¿Lo observamos siempre?



Cuadro de Anton Raphael Mengs


8.5.14

Preñados por nuestros contrarios, pensamiento Fernández Buey





















Francisco Fernández Buey en su libro La ilusión del método. Ideas para un racionalismo bien temperado: "En nuestros días toda cosa parece estar preñada de su contrario." ¿Solo en nuestros días? Ya de antiguo fue escrito El libro del Tao basándose en tal comprobación. Pero Fernández Buey constata el agravamiento, sangrante y voraz, de las contradicciones de nuestro tiempo. "Vemos cómo la maquinaria dotada de la maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y devora hasta el agotamiento. Un extraño conjuro transforma las nuevas fuentes de riqueza en fuentes de miseria. Las victorias de la ciencia parecen pagarse con la pérdida de carácter. A medida que domina la naturaleza el hombre parece  sometido por otros hombres o por su propia vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre el oscuro trasfondo de la ignorancia." Y así llevamos siglos, sin resolver las contradicciones, e incluso agravándolas en perjuicio de la vida y de los seres. En un frustrante matrimonio entre avance científico imparable y limitada recogida de frutos social. Aunque Fernández Buey se pusiera poético con su expresión extraño conjuro sabía perfectamente que las relaciones de clase en una sociedad tienen que ver mucho con esa contradicción. Acaso, una vez más, hay que echar mano de Antonio Machado para precisar la luz de la esperanza:

"Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario." 

¿De qué dependerá que el contrario se alíe con nosotros para procurarnos si no un mundo feliz sí al menos uno de mayor justicia y aprovechamiento universal de los recursos?



7.5.14

Fleur Jaeggy y los presentimientos












"Cuáles son los casos de peligro en la vida? -se preguntaba Jane- ¿Son quizá los presentimientos?" Fleur Jaeggy en su sorprendente novelita El ángel de la guarda. Los presentimientos ¿como aviso o como opción arriesgada? Dicen que las premoniciones forman parte de nuestra vertiente instintiva. ¿Influyen a la hora de tomar decisiones o basta con analizar racionalmente las situaciones a las que nos hemos visto abocados? Difícil casamiento. Si sale bien lo elegido, doblete: buen presentimiento y mejor opción analítica. Si sale mal, ¿de qué factor, el instintivo o el racional, será la responsabilidad? ¿Cuál nos hará sentirnos culpables? (Ariadna anota: consultar al ángel de la guarda)