8.5.21

La vejez en boca de Victoria Camps

 


"Somos interdependientes. Nacemos dependientes y nos convertimos otra vez en dependientes cuando se acerca la muerte". Filósofa Victoria Camps en una entrevista en Babelia. ¿Solo cuando la muerte enseña su zarpa? "A lo largo de la vida también lo somos en ocasiones", insiste. Estamos ante el desafío de la edad avanzada a la que van llegando los hombres y mujeres en Occidente, en parte por el bienestar saludable y en parte por las asistencias sanitarias. Pero cumplir más años no siempre significa autonomía personal, es decir, valerse por sí mismos. "La vejez es una situación silenciada. No se habla de ella. Tampoco de la muerte, aunque de esta los filósofos se han ocupado algo más. De la vejez, apenas. Tal vez sea porque es un problema actual". ¿Necesitan acaso los filósofos perspectiva para ver y definir las cosas? ¿O tal vez es cuestión de asumirlas? Probablemente ambas cosas. Camps insiste: "Hay leyes sobre la vejez, pero no hay una perspectiva desde la vejez". Ahí da la clave: mientras no se sienta por parte de toda la sociedad la cuestión del envejecimiento como algo que afecta a todos, directa o indirectamente, en tiempo próximo o futuro, no se avanzará lo suficiente en la atención a los ancianos conforme a un principio de justicia que alcance a todos ellos. Una atención que no solo debe ser asistencial sino dar el paso del acompañamiento que rebaje la soledad de los viejos. Victoria Camps habla más largamente del tema. no en vano ha publicado recientemente el libro Tiempo de cuidados. Habrá que echarlo un vistazo.






21.4.21

Jean-Claude Carrière entre otros monstruos normales

 


Jean-Claude Carrière es más citado por haber sido el guionista de Luis Buñuel. Pero lo es de más cineastas, e incluso actuó en filmes. Desapareció a primeros de febrero con noventa años. Ello me dio pie a recuperar la lectura de un erudito y sibarita libro de cuentos -sí, erudito y sibarita, por su lujo de cuentos en la mejor tradición de Las mil y una noches- que publicó hace dos décadas. Se titula El círculo de los mentirosos. Al encontrar en la red esta fotografía con varios monstruos cinematográficos he pensado en lo extraordinarios que eran todos. ¿Extraordinarios o normales?

En la introducción de Carrière al citado libro leo: "Un día pregunté al neurólogo Oliver Sacks lo que él consideraba un hombre normal. Cuestión que parecía irrelevante. Pero, en su calidad de neurólogo, Oliver Sacks tenía un punto de vista. Dudó un momento y luego me contestó que un hombre normal quizás era aquel capaz de contar su propia historia. Sabe de dónde procede (tiene un origen, un pasado, una memoria ordenada), sabe dónde está (su identidad), y cree saber a dónde va (tiene proyectos, y la muerte al final) Está situado, por lo tanto, en el curso de un relato, es en sí mismo una historia, y puede contarse".

Ahí es nada. Contar la propia historia. ¿Pero no lo hemos visto en muchos individuos? Tal vez algunos se han reservado su propia experiencia de vida, pero quien más o quien menos, ¿no tiende a trasladarla y elabora instintivamente una especie de narración de ella? Aún añade Carrière algo más: "Si esta relación individuo-historia se rompe por alguna razón psicológica o mental, el relato se quiebra, la historia se extravía, la persona se ve proyectada más allá del devenir del tiempo. Ya no sabe nada, ni quién es ni lo que tiene que hacer. Se aferra a sucedáneos de existencia, a apariencias de existencia. El individuo se muestra, a los ojos del médico, a la deriva. Aunque sus mecanismos corporales funcionen, ha extraviado la ruta, ha dejado de existir".

Conocemos también estos casos y yo diría que todos hemos pasado alguna vez a lo largo del tiempo por montañas, valles y quebradas donde nos hemos sentido perdidos. ¿Es el relato de nuestro propio acontecer lo que nos mantiene a salvo? No hago más que preguntármelo desde que he leído a Jean-Claude Carrière, a quien recuerdo aquí con agradecimiento.



Fotografía tomada de El País: Comida en honor a Buñuel en Los Ángeles, en noviembre de 1972. De pie, Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière (con barba) y Serge Silverman. Delante, Billy Wilder, George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian.


7.4.21

José María Merino, hablando de la pandemia y otras basuras

 








Novelista José María Merino, hablando de la pandemia: "Salvo los profesionales sanitarios, la sociedad se ha portado de modo deplorable. Se mueve, sale, quiere manifestaciones, alboroto. Ahí están las olas, una tras otras. Y luego están los políticos. Enfrentándose, a la greña". ¿Cómo negar su juicio? Mucho aplauso al principio, mucha palabrería de que íbamos a salir mejores, excesiva tontería escrita y hablada, palos en las ruedas de las gestiones por parte de políticos arribistas...Eso es lo que hemos ido viendo, así que imposible no participar de lo que nos dice Merino. Por supuesto, habría que añadir a ese sector que él salva a otros sectores profesionales que se la han jugado también, aunque nadie tanto como los relacionados con el contacto directo con los enfermos y la enfermedad. Luego, se consuela: "La literatura es el documento que tranquiliza un poco la desazón que produce la oscura realidad". Y pienso que tranquiliza no tanto como sedante que apague la inquietud sino elemento racionalizador al hacernos pensar sobre los acontecimientos del vivir humano cotidiano. Pero ahí cada cual tiene que buscar y elegir. Porque la basuraleza, como él define a ese ensuciamiento masivo de la naturaleza, abunda por doquier y resulta amenazante. Pero, ¿sirve la literatura lo suficiente para escapar de este mundo opresivo y doliente que nos acosa? José María Merino no lo tiene tan claro. O acaso sí: "Estoy un poco horrorizado, pero tal vez es fruto de los años. Decía Lope de Vega que no hay cosa que más se sienta descubrir que el secreto de los años, el secreto de la edad, el secreto de lo que da el tiempo con su transcurso. Y a mí el secreto de los años no me está haciendo ninguna gracia". Ay, una clave, a la que solo tienen acceso de entendimiento quienes con edad avanzada tengan conciencia sincera de sí mismos y consigo mismos.



(Fotografía capturada de El País)


31.3.21

Las palabras son de quienes escriben, sugiere Pascal Quignard

 


Desde que leí Todas las mañanas del mundo, cuyo personaje central es el compositor barroco Monsieur de Sainte-Colombe, no ha dejado de interesarme Pascal Quignard, polifacético pensador y autor de nuestros días. No siempre fácil de seguir sus trabajos, pero tienen la virtud de hacer que nos interesemos por muchos temas y sobre todo por el enfoque diverso y a la contra de muchos asuntos de este mundo.

Me encuentro con este texto suyo en Carta de Bacon a Lord Chandos* : "Considerad que las palabras solo abandonan a aquellos que las han vaciado y encima desvitalizado". Ojalá sea así de ahora en adelante. Y pienso en que las palabras emitidas por ciertas bocas lo que han hecho es traicionar los conceptos de las cosas, abaratar su enunciación y desvirtuar los valores, cuando no prostituirlos. Pero ¿cuántas de esas palabras depreciadas de su sentido más exacto no han cundido para seguir desfigurando la realidad? Lo seguimos viendo en nuestros días.

Sigue diciendo Quignard:  "Si las palabras se les resisten a aquellos que están hablando, jamás se les resisten a los que escriben". ¿Tanta distancia hay entre voz y escritura? Probablemente la misma que se da entre la emisión de lo pensado a medias o deficientemente y la reflexión pausada y ejercida con precisión. "Quienes escriben -confirma el autor francés- disponen de todo el tiempo para abrir sus glosarios, sus atlas, sus cronologías, sus diccionarios, tienen todo el tiempo para releer antiguos materiales de gramática desencuadernados, que datan de su infancia tardía, disponen de todo el tiempo para revisar, revitalizar, reetimologizar, reestructurar, corregir, detectar". Reivindicación de la escritura pausada y medida. Obviamente, es el ejercicio con recursos y empeño realizado al disponer una escritura lo que va a recuperar el sentido de las palabras que otros destrozan y envían al olvido. Reconquista de la lentitud activa, pues, en aras a dotar de armonía y justedad al pensamiento de las palabras. Siempre sugerente la manera de repensar Pascal Quignard, incluso en una idea parcial.



* Este breve ensayo figura en el libro La respuesta a Lord Chandos, editado por Shangrila Ediciones.



15.3.21

Las preocupaciones del científico Luis Enjuanes

 


Para Luis Enjuanes, virólogo del Centro Nacional de Biotecnología, el virus de desafortunada moda "es malo, malo, malo". Matiza con la confianza que da el insistir en la investigación: "Pero lo vamos a vencer". Uno quiere escuchar palabras cuerdas, contundentes y capaces de generar esperanza como estas, pues desde su lugar de trabajo el equipo de Enjuanes trabaja para obtener una vacuna más completa que las actuales. Y es que el patógeno SARS CoV-2, dice Enjuanes en la entrevista aparecida en El País, "es un superestratega ambicioso que se ha pasado tres pueblos. Es pandémico, superpatógeno, causa hasta cincuenta patologías distintas, deja secuelas. Desafía a la humanidad, a la ciencia, a la política". 

Cuando uno se entera del trabajo de los investigadores del Centro no duda de que es cuestión de tiempo controlarlo y conjurarlo. Naturalmente, siempre que todo el mundo colabore y no se pongan palos en las ruedas. Porque intrusismo hay. Añade el científico: "Me preocupa el intrusismo de la política en la sanidad y en la ciencia. Que gente que no sabe lo que es un virus se ponga a hablar de epidemiología. Y luego están los políticos que creen que pueden tomar medidas incluso en contra de los expertos". Pero para el oportunismo al uso de responsables políticos de las comunidades autónomas, que son los que gestionan medidas y aplicaciones, dar prioridad a lo que dicen los que saben de verdad no es precisamente un norte. De esos políticos opina Luis Enjuanes: "Unos han estado a la altura y otros a la altura del betún. No citaré sitios concretos, pero hay presidentes o presidentas que creen saberlo todo y dictan lo que hay que hacer sin tener el mínimo pudor ni tener en cuenta los números de su comunidad. Es lamentable ver que lo justifican por la economía, cuando eso no va a arreglarse sin resolver el problema sanitario".  

Si alguien no lo tenía claro, he ahí el criterio de un investigador sensato. Implícitamente traza la línea entre hacer política en la buena dirección para la sociedad o hacer política para satisfacer los intereses de los grupos de presión, electoralistas o incluso espurios. Hay muchos más Enjuanes, por supuesto. Sobran demagogos y falsos profetas.



Fotografía tomada de El País 


11.3.21

Se habla pero no se escucha. Josep Maria Esquirol reflexiona

 



"Solo habrá habla verdadera cuando hayamos escuchado y hoy nadie escucha". Lo dice el filósofo Josep Maria Esquirol y tengo la sensación de que me lo dice mi voz interior. No solo es cuestión de ruido, también de ausencia de receptividad. Esquirol: "Se habla pero no se escucha; escuchar va a la baja; ahora solo somos sumatorios de monólogos cuando uno solo puede responder si es escuchado; hoy hay más monólogos superpuestos que diálogos". Y pienso: si no escuchamos ¿con qué valor podemos exponer lo que pensamos? ¿No somos propensos más bien a imponernos, sin modificar un ápice las cuatro pobres ideas que tengamos? 

Podemos justificarnos con el rimo acumulativo y vertiginoso que llevamos, con el estrés del que hacemos gala, en parte como excusa de nuestra cerrazón. "La inmediatez y la precipitación del mundo actual -opina el filósofo- no facilitan nada porque para que haya escucha del otro ha de haber paciencia". La clave del díálogo en nuestros días pasa por la paciencia nada menos. Quién lo iba a decir. Aunque opino que debe transcurrir también por la templanza y por la prudencia. Con respeto y actitud asertiva. Porque dialogar implica sobre todo atender la opinión ajena aunque no se comparta en ese momento. En cambio, ¿qué sucede hoy cuando nos encontramos con los otros? "Dejamos que acaben de hablar, sí, pero solo para decir lo nuestro". No nos extrañemos luego que si la conversación de cercanía es discurso entre ajenos ocurra lo que ocurre en el plano político, donde los intereses se proyectan ignorándose entre bandos, salvo que haya un tipo de rendición incondicional por una de las partes. 

Cada vez me convenzo más de que el desacuerdo en las esferas políticas no son sustancialmente diferentes a las que tenemos los ciudadanos ordinarios entre nosotros. Al fin y al cabo, los que buscan la representación pública son nuestro reflejo. Imagen de nuestras limitaciones e incapacidades. ¿Cómo romper el esquema? Tal vez recurriendo a pensar y conversar en torno a los temas profundos de la vida humana, y no solo a lo inmediato, tan efímero como en tantas ocasiones subalterno. 



8.3.21

Un poema de Ida Vitale para la palabra ¿o para la mujer?

 



Un poema de Ida Vitale (Montevideo, 1923), tomado de su poemario Oidor andante, para la celebración del 8 de Marzo. Sea cual sea la motivación o el sentido que la poeta quisiera dar al poema -¿se trata solamente de un dibujo sobre las palabras?- me apetecía proyectar aquí otras sugerencias. Al fin y al cabo, el objeto de la literatura en general ¿no debe ser convertir en cómplice al lector y que él siga procreando pensamientos, anhelos y palabras? 


LA PALABRA


Expectantes palabras,

fabulosas en sí,

promesas de sentidos posibles,

airosas,

             aéreas,

                        airadas,

                                    ariadnas.

 

Un breve error

las vuelve ornamentales.

Su indescriptible exactitud

nos borra.

 

Tomemos nota todos. Cuanto hoy se diga, a favor y en contra, con intenciones sanas o dañinas, con buena voluntad o con desprecio, que no contaminen a las palabras y, por lo tanto, a los individuos. Para que ni los errores produzcan meros adornos una vez pase la fecha, ni lo exacto sea lo que siempre ha sido y vuelta a las andadas. A pesar de las palabras.


2.3.21

Un apunte sobre la Democracia en palabras de Richard J. Bernstein

 



Filósofo Richard J. Bernstein en El País: "Hay gente que cree que la democracia es el libre mercado, otros que es solo un voto". Aunque hable pensando sobre todo en los acontecimientos de enero en los Estados Unidos, la frase puede ser aplicada a otros países. Obviamente la sociedad democrática ha crecido en muchos lugares a la par que ha tenido lugar un desarrollo mercantil, pero que este se siga dando no garantiza la salud democrática. ¿Falla algo? Añade Bernstein: "Yo no creo que ese sea el corazón de la democracia. Democracia es un conjunto de prácticas sobre cómo tratas a los demás. Si no tienes respeto por el otro, si no hay voluntad de dialogar con el otro..., sin ese ethos, la democracia se puede transformar en algo inútil".

Una vez más alguien que sabe llama la atención sobre los límites fundamentales de la democracia. Ni el lado político al uso, con su sistema electoral relativo y discutible, ni la mera separación de poderes por sí mismos, que no siempre se cumplen, ni la configuración jurídica de una sociedad, con ser todos ellos necesarios como herramientas, bastan. Es esa vertiente ética que señala el filósofo lo que puede dotar de futuro a un sistema de relaciones humanas y de convivencia garantizado que ha venido funcionando con luces y sombras. Dar un voto cada cierto tiempo y se acabó dice tan poco de la capacidad del ciudadano, tan ingenuo como conformista al limitarse a ello. Pero una puntilla más del filósofo: "La forma en que está organizado el sistema capitalista internacional financiero fuerza un tipo de violencia sistémica. No existe la idea de una responsabilidad respecto a la pobreza. Incluso en el lenguaje hemos perdido esa noción del bien común".

¿Qué es eso del bien común?, deben preguntarse las nuevas generaciones mientras que las viejas nunca lo tuvieron claro. Y es que cuando rehuimos el lenguaje apropiado e inventamos uno nuevo pero falso, ¿no estamos desproveyéndonos de mantener a salvo los conceptos que han valido la pena?



17.2.21

Leer al poeta Joan Margarit: su poesía queda

 









¿Qué queda de un hombre cuando muere? No nos engañemos. No queda nada. ¿Cómo que nada?, dirán algunos. Y esto y esto otro y aquello...¿no son el hombre? Y yo me obstino. No, no son el hombre. El hombre que estuvo y creyó que fue, pues todos nos creemos que ser hombres es algo más que ser hombres, pertenece al pasado. Incluso en vida el hombre solo es tránsito. Con todo un conglomerado de activos y pasivos, si se quiere, que lentamente se van diluyendo. Porque la vida es tozuda, es decir, que una vez se inició, por tozudez natural, y poco a poco fue perdiendo vigor y acaso sentido hasta el último estertor. También por empecinamiento. Desesperados amigos me dirán: reduces a la nada al individuo. Y yo: no, qué va, en la nada no hay siquiera individuos. Y al individuo lo valoro mientras transcurre. De algunos de los hombres que vivieron queda humo, de otros recuerdos, de otros palabras, de otros buenas o malas acciones. Eso es lo que queda para los vivos. Pero más allá ¿qué puede quedar de un hombre si ya no es?

Joan Margarit escribió buena poesía, sospecho que no excesivamente conocida. Todavía no he leído la prensa del día para ver -curiosidad que me viene de lejos- qué dicen del poeta muerto. Por mi parte deciros: no paséis esta vida sin haber leído algo a Joan Margarit. Rescato un poema que me gustó mucho en su día, no sé por qué.


Las mil y una noches



Me miras: el presente son tus ojos,
unos instantes que se desvanecen
y no puedo cambiar: Pero también
son un mañana que ya estaba escrito
en el fugaz espejo de la infancia.
Y se convertirán en el ayer,
la suma indiferencia de los años.
Después serán recuerdo, un mundo gris
donde te mire aunque no pueda verte.
Tras el recuerdo habrán de ser olvido:
nadie sabrá por qué estabas mirándome
ni  por qué hay este pozo en tu lugar.
Cada instante una historia diferente
de las mil y una noches en tus ojos.



15.2.21

El hambre de Carlos Giménez

 


“El hambre nunca se termina de quitar del todo". Carlos Giménez (Madrid, 1941), autor de cómics donde narra la intra historia de España como no se suele narrar. Más en concreto la de la posguerra hasta el presente. A los que no hemos conocido el hambre, aunque sí estrecheces o limitaciones de consumo, que se diría hoy, nos cuesta entender el significado del comentario del dibujante y narrador. Él padeció de niño necesidad y sobre todo mala alimentación, y quedarse con hambre, además de otras circunstancias de pasar por lugares siniestros de caridad, y por ello precisa: "Por ejemplo, tengo un aprecio muy sobrevalorado de la comida. Yo no tiro nada de comida. Se me ha quedado un trozo de filete y me dicen que lo tire. No. Lo guardo en la nevera, a lo mejor luego a la noche me lo tomo como aperitivo. Ese trozo de comida, para mí, mientras no esté podrida, sigue siendo comida válida. Mientras valga, soy incapaz de tirar comida. Si pierdo dinero, no sufro tanto como si pierdo comida. La comida tiene para mí un valor por encima del dinero que cuesta, es el valor de la persona que ha pasado hambre y que lo tiene grabado a fuego”.

En tiempos de derroche o no aprovechamiento muchos pueden pensar que lo que dice Giménez es una manía de señor mayor y de otro tiempo. Al leer su opinión he pensado en mi padre, que sí había conocido el hambre de la posguerra. "Fue peor la posguerra que los años anteriores", le escuché decir muchas veces a mi progenitor, y eso que él había salido malparado en la sangría 1936/1939. Y recuerdo perfectamente cómo no tiraba nunca el pan sobrante del día y se lo comía, duro pero sabroso como buen pan, al día siguiente.

¿Simbolismo solamente? No. Las heridas de la dureza de la vida siempre trazan líneas de conducta que permitan defenderse. Por lo que se ve, Carlos Giménez, autor único de verdaderos textos históricos representados en tebeo/cómic  -Barrio, Paracuellos, Malos tiempos, entre lo fundamental de su obra- sabía de lo que hablaba. No echar en saco roto nunca esta clase de testimonios. Por lo que nos puede tocar.






11.2.21

Lo que nos contó Al-Muwaylihi de Isa ibn Hisham

 


Muhammad Al-Muwaylihi (El Cairo, 1858-Helwan, 1930) en su sorprendente novela Lo que nos contó Isa ibn Hisham: "Si a tus congéneres, los hombres humanos, les ofreces la paz, te hacen la guerra, y si les declaras una tregua, te atacan. Los tratas como amigos y se declaran tus acérrimos enemigos; les das tu confianza y la traicionan. Cuando los frecuentas y menudeas, no sales librado de una agresión; si les dispensas un trato campechano, te expones a salir rociado de calumnias, y cuando les pides algo que te pertenece por derecho, es como si pregonases a los sordos."

No es un texto alentador para estos tiempos de aflicción que vivimos. Se dirá: no vale sacarlo de contexto (Hoy todo el mundo se molesta si algo se saca del contexto donde se expone; una bonita manera de negar lo que se ha dicho inadecuada o desafortunadamente)  Se seguirá diciendo: lo profiere el personaje de la novela, que lo ve todo turbio. O incluso se opinará: solo es parte del argumento de un relato que se desarrolla en otro tiempo y otra cultura. Me quedo pensando: pero si tal vez el hombre seguirá siendo el mismo sea cual sea el tiempo y la cultura. 

Mi perplejidad ante un enigma que aparece en el párrafo: ¿Qué entenderá el autor por hombres humanos? Tal vez sea una adjetivación muy matizada, y por lo tanto nada inútil. Yo mismo me pregunto: ¿Qué conclusiones sacaremos tras la experiencia de la pandemia, por ejemplo? Uno tiene la ligera percepción de que en este contexto social que atravesamos van a quedar muy deslindados los hombre humanos y los hombres deshumanos. Y los bobos. 

 



29.8.20

El besar, un jugoso devaneo de Voltaire en su Diccionario Filosófico



 


No voy a comprometer a nadie su opinión sobre el beso -y el besar- en los tiempos de pandemia. Pero como todo el mundo tiene en mente el asunto o bien lo acomete, sabrá, pues, si con riesgo o sin él, sorteando el destino a pesar del impulso de la pasión, o fantaseando acerca de la memoria de los besos recibidos anteriormente al suceso que vivimos, he recurrido a un texto irónico, mordaz y borgiano (si no fuera porque el autor era muy anterior a Borges) de Voltaire sobre el Besar en su Diccionario Filosófico.

Pásenlo bien al leer, capten sus destellos luminosos y eruditos, participen de su sarcasmo y causticidad, y consuélense con que la larga trayectoria del beso, que en el texto no indaga sobre qué características tendría en las abundantes y frecuentes épocas de pestes del pasado, reduzca la ansiedad por su carencia o por el temor al virus a posteriori de la entrega amorosa.


"Besar

Pido perdón a los jóvenes de ambos sexos si no encuentran en este artículo lo que buscan, porque lo escribo para la gente seria y para los sabios, que son a los que puede interesar. 

Se abusaba de los besos en la época de Molière. En La madre coqueta de Quinaul, Champagne pide besos a Laura, y ella le contesta: «¿No estás satisfecho todavía? Pues yo ya tengo vergüenza, porque te he besado dos veces.» Champagne le replica: «¿Que tú cuentas cuando besas?» Los criados pedían besos a las modistillas, y unos y otros se besaban en el teatro. Esto era fastidioso e insoportable, sobre todo cuando los actores eran repugnantes o feos. El autor que busque besos, debe leer el Pastor fido; en esa obra hay un coro que no habla mas que de besar, y su argumento se funda en un beso que Mirtillo dio un día a la hermosa Amarilis, jugando a la gallina ciega. «Un bacio molto saporito», como dice el autor. 

También es bastante conocido el artículo sobre los besos, en el cual, Juan de La Casa, arzobispo de Benavente, dice que podemos besarnos desde la cabeza hasta los pies. Le dan lástima las narices largas, que difícilmente pueden acercarse unas a otras, y aconseja a las damas que tengan la nariz larga que escojan amantes chatos. 

Besarse era la manera de saludar más común en la antigüedad. Refiere Plutarco que los conjurados contra César, antes de matarle, le besaron el rostro, la mano y el pecho. Tácito refiere que cuando su suegro Agrícola regresó de Roma, Domiciano le recibió besándole con frialdad y luego le dejó confundido entre la multitud. El inferior que no conseguía saludar a su superior besándole, acercaba la boca a su propia mano y le enviaba un beso, y el superior lo devolvía del mismo modo cuando tenía gusto en ello. Empleaban ese mismo signo para adorar a los dioses. Job, en su Parábola (que es quizá el libro más antiguo que conocemos), dice que no adora al sol y a la luna como los demás árabes, porque no se lleva la mano a la boca cuando contempla a los astros que él no adora. De esta costumbre tan antigua sólo quedó en Occidente la fórmula pueril, que todavía se enseña a los niños en algunos pueblos, de besarse la mano derecha cuando se les regala algún dulce. 

Era un proceder horrible hacer traiciones besando, y este proceder hace inicuo el asesinato de César. No nos ocuparemos de los besos de Judas, porque ya se han convertido en proverbio. Joad, que era uno de los capitanes de David, odiaba a Amasa, que era otro de los capitanes, y le dijo: «Buenos días, hermano mío», y cogiendo con la mano la barba de Amasa para besarle, con la otra mano sacó la espada y le asesinó, traspasándole el pecho. No se encuentran más besos en los frecuentes asesinatos que cometieron los judíos, que los que Judit dio a Holofernes antes de cortarle la cabeza, cuando se quedó dormido en la cama. En el Otelo de Shakespeare, este moro negro da dos besos a su mujer antes de asesinarla. Este proceder, que parece horrible a las gentes sensibles, lo encuentran natural los partidarios de Shakespeare y conforme a las supersticiones de los negros. Al menos no besaron en la catedral de Milán, el día de San Esteban, cuando asesinaron allí a Juan Galeazzo Sforza, ni cuando asesinaron al almirante Coligny, al príncipe de Orange, al mariscal de Ancre, a los hermanos Wit y a otros. 

Consideraban los antiguos que había algo de simbólico y de sagrado en los besos, porque besaban las estatuas de los dioses y las barbas, cuando a los escultores se les ocurría ponérselas. En los misterios de Ceres, los iniciadores se besaban para demostrar su concordia. Los primitivos cristianos y cristianas se besaban en la boca en los ágapes, esto es, en las comidas que verificaban en las iglesias, porque la palabra ágape significaba «comida de amor». Se daban recíprocamente el beso santo, el beso fraternal, el beso de la paz. Esa costumbre duró más de cuatro siglos, pero por sus consecuencias tuvo que abolirse. Esos besos «fraternales» atrajeron mucho o tiempo sobre les cristianos, que aún eran poco conocidos, la nota de libertinos, con la que los calificaron los sacerdotes de Júpiter y las sacerdotisas de Vesta. Según vemos en Petronio y en otros autores profanos, los disolutos se llamaban hermano y hermana, y creyeron que entre los cristianos los mismos nombres significaban las mismas infamias, y contribuyeron ellos mismos, inocentemente, a difundir sus acusaciones en el Imperio romano. 

Existieron al principio diez y siete sociedades cristianas distintas, como existieron nueve entre los judíos, incluyendo en ellas las dos clases de samaritanos. Las sociedades que se jactaban de ser más ortodoxas acusaban a las otras de cometer las impurezas más inconcebibles. La palabra gnóstico, que al principio fue muy honrosa y significaba «sabio», «ilustrado». «puro», se convirtió en palabra despreciable e indigna. San Epifanio, que escribió en el siglo III, afirma que en los primitivos tiempos del cristianismo se hacían cosquillas los hombres y las mujeres; que luego se dieron besos muy impúdicos, juzgando del grado de fe que tenían los que los daban por la voluptuosidad de los besos; que el marido decía a la mujer, al presentarle un joven iniciado: «Celebra el ágape con mi hermano», y que ellos celebraban el ágape. 

No nos atrevemos a repetir en la casta lengua francesa lo que a lo anterior añade San Epifanio en griego  Únicamente diremos que ese santo se excedió al defender el cristianismo y que todos los herejes no son libertinos relajados. 

En la secta de los pietistas, tratando de imitar a los cristianos, se dan actualmente besos de paz cuando salen de sus reuniones y se dan el tratamiento de hermanos, según me confesó hace veinte años una pietista muy hermosa y muy sensible. Los pietistas conservan religiosamente la antigua costumbre de besarse en la boca. 

Éste era el modo de saludar a las damas en Francia, en Alemania, en Italia y en Inglaterra; los cardenales tenían derecho a besar a las reinas en la boca, hasta en España. Es singular que no gozaran de esa prerrogativa en Francia, donde las damas disfrutaron siempre de mayor libertad que en otros países. Pero cada nación tiene sus ceremonias, y no existe ningún uso general al que las circunstancias y el hábito no pongan excepción. Hubiera sido una falta de cortesía y hasta una afrenta que una dama honrada, al recibir la primera visita de un señor, no le besara en la boca, a pesar de sus bigotes. «Es una costumbre desagradable e injuriosa para las damas —dice Montaigne— tener que ofrecer sus labios al señor que lleve tres criados de séquito, por repugnante que sea.» Sin embargo, ésa es quizá la costumbre más antigua del mundo. 

Si era desagradable para una joven y hermosa boca pegarse por cortesía a otros labios secos y viejos, en cambio era peligroso que se juntaran dos bocas frescas y rojizas de veinte a veinticinco años, y este peligro obligó a abolir la ceremonia de besarse en los misterios y en los ágapes. Ese peligro obligó a los orientales a tener encerradas a sus mujeres para que sólo besaran a sus padres y a sus hermanos, costumbre que los árabes hacía ya mucho tiempo habían introducido en España. 

El peligro de besarse consiste en que hay un nervio del quinto par que va desde la boca al corazón, y desde allí más abajo, pues la Naturaleza todo lo dispuso con la más delicada industria. Las pequeñas glándulas de los labios, su tisú esponjoso, su piel fina, dan una sensación exquisita y voluptuosa, que tiene analogía con una parte más oculta y todavía más sensible. El pudor puede perderse en un prolongado beso que saboreen dos pietistas de diez y ocho años. 

Hay que observar que en la especie animal sólo se besan, las tórtolas y los palomos. De esto proviene la palabra latina columvatim, que en las lenguas modernas carece de equivalente. Como en el mundo se abusa de todo, también se abusó de los besos. El beso que la Naturaleza destinó para la boca se prostituyó con frecuencia, destinándolo a sitios que no se crearon para ese uso. Sabido es de lo que se acusó a los templarios. 

Honradamente no podemos seguir tratando de esta cuestión interesante, aunque Montaigne haya dicho: «Se debe hablar sin vergüenza de este asunto; no nos abstenemos de hablar en voz alta de matar, de herir y de hacer traición, y de esto apenas nos atrevemos a hablar entre dientes.»"


La tinaja de Diógenes: Voltaire



La fotografía de inicio es de Saul Leiter

5.8.20

Desmitificación del mundo animal por parte de Chantal Maillard




"No, el mundo animal no es el mundo de Disney, no es un amable paraíso de abejitas, mariposas y hocicos al viento". Lo reflexiona Chantal Maillard en su cautivador libro La compasión difícil. Uno lo sospechaba hace mucho, pero vivimos tiempos en que recibimos una información edulcorada, falseada y adaptada al business de las empresas que utilizan sin compasión alguna a las otras especies. Matiza a continuación con dureza Maillard: "Es la dentellada, la imperativa necesidad de matar para seguir vivo. El joven felino que pierde a su madre antes de haber llegado a la edad adulta y haber terminado su aprendizaje, sin saber cómo matar, perece de hambre o presa de otro depredador. No, la naturaleza no es bucólica. Es una maquinaria cruenta en la que todas las criaturas padecen. Hermosas criaturas, hermosos pumas de ojos tristes que nos contemplan desde la más absoluta inocencia. Y no sé, no puedo aliviar el daño".  

Hay cierta opinión generalizada de que la más cruel y despiadada de las especies es la humana, ignorando que todas se deben a una lucha por la vida. Subsistencia biológica. Huida del hambre. Enfrentamiento con quienes disputen recursos. Protección de territorios propios. ¿No somos partícipes todas las especies de análoga situación? Y sin embargo, nosotros los sapiens, dotados se supone de una evolución del conocimiento y la conciencia, que ha implicado una pérdida de la inocencia a su vez, no sabemos entender lo suficiente los otros mundos que cohabitan. Pero ¿sabemos siquiera comprender el nuestro? Deberíamos obligarnos a un cierto grado de comprensión del caos, un elemento de vida que no es solo anterior ni opuesto, sin que se asienta en nuestras comunidades y en nuestras individualidades.

De momento, nuestra especie no ha pasado de un mundo jurídico -y acaso ya es mucho- en que se regula, se negocia, se pacta, se carga de normativas y leyes para antes o después dejarlas viejas o incumplirlas. El mundo animal sigue latiendo en nuestros lares, y ay de quien lo olvide.







Dibujos de Inés González Soria.


30.7.20

Aviso de Paul Nizan desde su Aden Arabia





Leo a Paul Nizan en su libro Aden Arabia:

"A los que hacen descubrimientos, a esos de los que se dice al repasar la historia de su existencia que no habían nacido para nada, hay que encontrarlos entre los hombres prudentes, sedentarios, que saben permanecer despiertos pacientemente, que permanecen largo tiempo en algún sitio y cazan con precaución: el auténtico es el que persevera en su juego, y no el que vuelve una carta más tarde en un juego de azar en el cual todo puede ser ganado de repente. Si queréis vivir tendréis que recuperar la perseverancia. Queréis vivir y pasáis como pedazos de astros por vuestras noches. Necesitaréis estar atentos a vuestros días y a vuestras noches. Mientras dormís, todos los seres pueden morir. Mientras corréis, vosotros mismos podréis morir". 

Y, sin embargo, me digo, cuánto jugador que se presenta de improviso hay en nuestros días. ¿Cree que si gana una partida lo habrá ganado todo? ¿Piensa que por hacer ostentación de sus habilidades realmente sabe? Muchos viven hoy sus días con urgencia, como si fueran por ello a dominar una parte del mundo. No dejan huella, tras su paso no se ve la aportación. Apenas queda de ellos una estela de barullo y un halo publicitario que enseguida será engullido por otro recién llegado. Son tiempos de oportunistas, maestrillos recién salidos del cascarón, profetas en tránsito. Son efímeros, desaparecerán como todos, y nos preguntaremos si de su presencia habrá permanecido alguna clase de sedimentación entre nosotros. 


Imagen




La fotografía de la parte superior es de Tina Modotti

En la fotografía inferior, Paul Nizan. Tours, 1905-Dunkerke, 1940. 


9.7.20

Los males del emperador Carlos V



















De un informe secreto de la corte recibido por Felipe II sobre la extrema y precaria salud de su padre Carlos V en 1553:

"Segun la opinion de los medicos Su Magestad dize que tiene muy corta la vida, a causa de las grandes diversidades de enfermedades que le atormentan y afflizen, especialmente en el tiempo del ynvierno y cuando los frios son grandes. Y finge estar aliviado y mejor de su salud quando está mas falto della, por que la gota le m altrata y corre a menudo por todos los miembros y junturas y nervios de su cuerpo (...) y el catarro le molesta tanto que le llega a vezes a los postreros terminos, y quando lo tiene ny puede hablar, ni quando habla es oydo (...) y las emorroides se le hinchan y atormentan con tantos dolores que no se puede rodear syn gran sentimiento y lagrimas. Y estas cosas juntadas con las pasiones del espiritu que an sido muy  grandes y ordinarias le an mudado la condicion y buena gracia que solia tener, y la afabilidad, y se le a todo convertido  en tanto humor melanconico (sic) (...) . Y muchas vezes y ratos llorando tan de veras y con tanto derramamiento de lagrimas como sy fuera una criatura". (*)


Carlos V, a quien aún le quedaban cinco años de vida, ya se veía acuciado por los males del cuerpo además de por los múltiples males emanados de la política imperial y del difícil equilibrio entre potencias y territorios. Empezaba a dar vueltas  a su posibilidad de abdicar en su hijo Felipe. La vida azarosa le pasaba factura. Mantener salud corporal y salud de dominio parecían haber ido de la mano, pero a la larga se lo iban a cobrar ambas. No deja de ser interesante, y cruda, esta descripción de algún alto funcionario de la corte. Los poderosos también tienen sus mermas. El emperador empezaba a estar desnudo. 

El busto de un Carlos V juvenil, aquí adjunto, está en el Museo de Escultura de Valladolid. Aunque la fotografía es sombría se advierte el prognatismo propio de los Habsburgo, que también heredaron su hijo Felipe II y los posteriores sucesores de la Casa de los Austrias.  El prognatismo es esa especie de deformidad facial en que la mandíbula sobresale hacia adelante por una descolocación de esta respecto al maxilar.



(*) La cita está tomada del libro Felipe de España, de Henry Kamen, editado por Siglo XXI.


2.1.20

Gino Rojas, el hombre de la Frucola



















En Chile la Frucola es una bebida de cola con buena dosis de cafeína. Gino Rojas, casi septuagenario, se pone todos los días su traje, camisa y corbata, y de punta en blanco y con una Frucola en la mano se presenta en las manifestaciones contra el gobierno. Ni el cinturón descuida, ni los gemelos de los puños de la camisa, ni sus gafas de playboy santiaguero.

Me ha parecido que semejante actitud es digna de traer al blog no un texto, sino una imagen que habla por sí misma. No sé si la bebida es parte de la parafernalia del ciudadano Rojas o una necesidad de llevar el cuerpo entonado acorde con las circunstancias. Si al trajeado se le suma el aire de despiste, la pose de ejecutivo, la actitud hierática de no dejarse afectar por el entorno, no obstante el entorno eche chispas, este hombre se merece un reconocimiento mayúsculo.

¿Es una estrategia estoica o una interpretación melodramática? ¿Una manera de participar en la protesta y a la vez de disuadir a la fuerza represiva? ¿Un comportamiento de pasar desapercibido mientras interiormente se siente inflamado de rebeldía por estar allí? ¿O le paga Frucola como hombre anuncio? Sea por lo que sea, Gino Rojas tiene mérito. Sigan dando vueltas al magín de por qué. Aunque no sé hasta qué punto su imperturbabilidad tendrá éxito, en medio de las cargas del Séptimo de Caballería.



15.12.19

Cioran en su Breviario













"Vivir: especializarse en el error". Cioran, siempre tan ácido como sorprendente. Lo dice en su Breviario de los vencidos, un texto casi de juventud.

Somos más especialistas en la equivocación que en el acierto. Más insistentes en perseverar en errores que en corregirlos o aprender de ellos. El título -máster de hoy día incluido- lo da la vida, por lo que la carrera puede durar años. Todos los años. 

Retomo el párrafo de Cioran: "Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma a la muerte y transformar lo infinito en azar." Cuatro reglas que Cioran no las escribiría como tal (su nihilismo del momento no le permitiría establecer normas), pero que a uno se le antojan necesarias para sobrevivir. No admitir lo no demostrado, no esperar lo indemostrable y menos lo inexistente, no dramatizar con lo más tangible y certero. Y relativizar, de todo y en cada situación, pues lo que nos llega no depende solamente de uno. ¿Será que yo aún escribo textos como de juventud? 

"Solo se puede respirar en lo más hondo de la ilusión", remata el filósofo. Pero, ¿qué clase de oxígeno existe en el mundo de la ilusión? En lo más hondo, ¿hay margen de aire puro o acaso se trata de un gas letal? Y, sin embargo, cuántos millones de humanos -¿casi todos? ¿todos?- sobreviven manteniéndose de la vana ilusión. Arrostrando todas sus consecuencias.




6.1.19

Proteger la individualidad. La miga de Sara Mesa en su novela Cara de pan





















"Planteo temas muy importantes en mi libro, como el linchamiento social o el cómo se proyectan las expectativas de los demás sobre uno y qué pasa si uno no encaja con esas expectativas". Sara Mesa, escritora, entrevistada en la revista ICON. O cómo una manera tan sencilla, precisa y modesta de explicar de qué va fundamentalmente su última novela, Cara de pan, le pica a uno en la curiosidad. Ella añade: "Las dificultades de crecer. Crecer es adaptarse al código de lo esperado. Pero, por debajo de eso, lo que hay son ganas de huir". ¿Quién no ha sentido alguna vez esa tensión, esa tentación, digamos, bien en la infancia y adolescencia, bien a lo largo de la vida de adultos? La organización social conlleva una serie de obligaciones -el pacto o la dependencia entre individuo y tribu, esta en todas sus dimensiones-  para el humano de nuestro tiempo. Acaso muchas más que en otras épocas, pues todo es más complejo. Y además el sistema de valores, apreciaciones y exigencias se vuelve agobiante e incluso sumamente opresor. ¿Quién no ha necesitado alguna vez ganas de huir o ha llegado a hacerlo en mayor o menor medida ante la presión social? El introvertido -ocasional o perenne- es un ser de nuestro mundo, en tantos casos relegado e ignorado. "Tiene mucho que ver con la idea que cada vez va imponiéndose más del éxito y el fracaso", explica Mesa. "Un concepto muy americano. El exitoso es extrovertido, se relaciona muy bien, tiene capacidad de liderazgo. La soledad, la introversión, se empiezan a entender, no comos rasgos, sino como problemas de la personalidad". 

Sara Mesa da en el clavo. Yo añadiría que cuántas personalidades diferentes se tratan como patologías enfermizas o maníacas, con lo cual poco se favorece al individuo que huye. Más bien se le expulsa de la colectividad. Puede durar toda la vida. Mesa habla: "Vuelvo al asunto de crecer, porque incluso cuando somos adultos tenemos que seguir adaptándonos al grupo y perdiendo nuestra individualidad". Ah, ¿quién habló de que el hombre es libre, demiurgo y propietario de su vida? Una ilusión tal vez, aunque somos tan creyentes de las ilusiones...¿Mensaje negativo de la escritora y criterio pesimista el mío? No necesariamente, y Sara Mesa lo dice muy claro: "Para preservar la individualidad hay tres fórmulas: el arte, creándolo o disfrutándolo; el juego, y el sentido del humor, fundamental para afrontar la vida. Eso es lo que nos ancla a los niños que fuimos y a la base de nuestra personalidad. Esos son nuestros refugios". ¿Quién da más y con tanta claridad?







18.12.18

El Roto y el niño rebelde en el útero

























El Roto o cuando las imágenes concisas pero precisas de un maestro del lenguaje gráfico y reflexivo valen más que mil discursos. Francisco de Goya se admiraría de haber tenido seguidores dos siglos después.




30.11.18

Paleoantropóloga María Martinón Torres. Servicio y servidumbre del hombre






Paleoantropóloga María Martinón Torres en un artículo aparecido hoy: "Hace 2,5 millones de años la tecnología comenzaba a servir al hombre y hoy nos preguntamos si es el hombre el que depende, servil, de la tecnología". ¿No ha habido siempre algún grado de servidumbre de la tecnología? Sin aquellas primeras herramientas de los antepasados desde hace más de dos millones y pico de años ni ellos ni otros después habrían llegado a nada. Se debían a ellas, pero también las herramientas o armas se debían al esfuerzo por perfeccionarlas. Relación complementaria. Y es que todo perfeccionamiento de una herramienta o de una máquina proporciona una capacidad de transformación. Las manos han sido vitales y en nuestro tiempo, no digo en el futuro, en cierto modo, las manos reducen su capacidad de acción, si no la pierden en muchos casos, para dar paso a máquinas y sistemas informáticos de última generación. Precisa Martinón: "Hay quien dice que el éxito de la humanidad llegó cuando fuimos capaces de independizarnos del medio, una afirmación que a mí me produce sentimientos encontrados. Con las primeras herramientas arrancó la historia de lo que algunos llaman nuestra 'liberación'. Sin embargo, el relato de nuestro éxito como el de la conquista de nuestra independencia del entorno tiene ecos de hijo desagradecido que muerde la mano que le da de comer, que se jacta de esclavizar la tierra que un día le sirvió de cuna. También es verdad que las mismas manos que pueden tallar árboles o clavar puñales pueden plantar flores, tocar el piano o curar heridas. Todas son cosas de humanos, al fin y al cabo". 

Se podría entender que hubo un cierto grado de independencia del medio para caer en nuevas dependencias de otros medios. O de otros recursos, o de otras herramientas. El juego homínido -sea de australopithecus, neandertales o sapiens, o de lo que venga con las nuevas creaciones de variantes de la especie que traiga la biotecnología- siempre será dual. Coincido con la especialista en que, visto en perspectiva, el comportamiento del hijo de aquella naturaleza ha sido un tanto ingrato con la Tierra. Pero es que dual es también el esfuerzo. El desafío de sobrevivir la especie a costa de profundas y no siempre racionales transformaciones de las que no tenemos claro si en el grado de alarma que hemos alcanzado se podrán parar. El lado oscuro y violento y la parte racional y colaboradora del hombre conviven en un difícil equilibrio. ¿Hasta qué punto un rostro se ha impuesto siempre al otro?














28.11.18

Saltar de la moral a la ética. Poeta Chantal Maillard





Poeta y ensayista Chantal Maillard en su artículo El semejante: "Lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne". Pero, ¿qué creemos que nos concierne? ¿Nuestro más o menos reducido ámbito, nuestras necesidades personales, nuestras ansias de ganancia? Maillard: "Lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción". ¿Será, piensa uno, este el punto de la confusión en que vivimos, no distinguir lo real de lo ficticio? La poeta sigue: "Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no 'en directo', sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla".

El tema planteado nos remite al Yo y al Otro, a nosotros y al prójimo. Y nos sitúa en la cuestión moral: ¿cómo sentirnos concernidos por lo que le pasa al otro sin una cesión de algo de nosotros mismos? Dice Chantal Maillard: "La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra". No lo pongo en duda, pero ¿estamos condenados para siempre a esa espiral que nos persigue desde el principio de las tribus o de las sociedades?  "En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida".

No puedo poner peros a la argumentación de Maillard, y solo se me ocurren preguntas. ¿No llevamos ya demasiados milenios sin resolver la cuestión? ¿Ha avanzado el pensamiento humano hasta el punto de distinguir moral y ética y hacer de esta última una herramienta constructiva para el futuro de la convivencia? ¿Nos vemos incapaces de salir del círculo vicioso de los sofismas que nos mueven entre la piedad y la compasión y solo conducen a justificar nuestro statu quo? ¿Cuántas guerras más o cuántas carencias serán necesarias para entender que lo que concierne en un mundo globalizado debe comprenderse como tal? Chantal Maillard plantea elementos de debate, no solo de opinión, porque como ella afirma en su artículo "ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate".



22.11.18

La honesta lucidez de Rodolfo Otero, bailaor














“Yo no soy una persona muy dada a la grandilocuencia. Me encanta la gente que tiene cultura, me encantan los poetas, los literatos, los escritores; me encanta lo que yo haga si lo hago bien, si lo hago mal me detesto. Porque lo más precioso que puede haber en esta vida es estar conforme con uno mismo, sabiendo que lo que hace es de verdad y que no engaña a nadie. Que es muy difícil, porque a la mayoría de la gente le gusta engañar, aparentar, ser… y el que es de verdad no hace falta que lo diga, se le ve”. Rodolfo Otero, bailaor vallisoletano, fallecido a los 86 años el pasado sábado. Hasta hace cuatro días se le veía en la bici por la ciudad. Palabras escuetas, justas, precisas, sinceras las suyas. Yo diría que necesarias. Porque necesitamos escuchar la voz de la sabiduría, que es la de la resistencia, no la de los vendedores de feria ni la de los demagogos a sueldo público. Al pan, pan. La antítesis del ritmo efímero y superficial de nuestro tiempo.

Salud, Rodolfo, y eterno baile.














Rodolfo Otero entre Benito Carracedo, a la derecha, autor del libro Rodolfo Otero: amor por la danza, y Julio Martínez, editor, en la presentación del libro en abril de 2017.





19.11.18

Conquistar el silencio. Julio Llamazares














Escritor Julio Llamazares: "La conquista del silencio debería ser un objetivo político como el de la calidad del aire o la pureza de nuestros mares y ríos". Me apunto a defender ese derecho y a realizar esa conquista. No exige banderas, ni himnos, ni insignias, ni carnés, ni ideología de pensamiento único. Solo buena intención y manos a la obra. Continua Llamazares: "La contaminación acústica que entorpece nuestras conversaciones, no digamos ya nuestro pensamiento, en países como España es cada vez más difícil de soportar, pese a lo cual no parece preocuparles a muchos, a juzgar por los gritos que llenan los establecimientos públicos y los medios de comunicación no escritos".

Uno echa de menos aquellos tiempos en que había infinidad de tertulias y encuentros en cafeterías, o lecturas en soledad,  sin que la música saliera de su segundo plano de acompañamiento. Pero los interiores y los exteriores se fundieron en un universo de ruido donde difícilmente el hombre común tiene escape y relajación. Insiste el escritor leonés: "Entregadas al griterío y el ruido (que en muchos bares y restaurantes la televisión o la música contribuyen a amplificar), la mayoría de las personas están lejos hoy de entender siquiera que el silencio es un derecho de todos como el aire y el agua limpios o como cualquiera de los que figuran en la Constitución de cualquier país". Algunos justifican el ruido como parte de la idiosincrasia, poco menos que sacramental, del español. Mala idiosincrasia la que se basa en la falta de respeto y la consideración hacia el otro.

Da en la clave Llamazares: de objetivo cívico debería pasar a político el compromiso de combatir el ruido y recuperar los silencios del individuo. Pero, ¿quién pone el cascabel al gato si no ponemos todos de nuestra parte para enmendar nuestras negras y enraizadas conductas?




14.11.18

Para qué escribe Francisca Aguirre, poeta














“Escribes para no andar a gritos y para no volverte loca". Francisca Aguirre, reciente Premio Nacional de las Letras. Suficiente y saludable argumento el que propone. Y añade: "La poesía tranquiliza. A mí me ayuda. El mundo es injusto pero el lenguaje es inocente. El poder de las mujeres es tener la oportunidad de decir que no. Por eso es tan importante la educación, la independencia. Queda mucho por hacer porque la desigualdad sigue siendo enorme: entre hombre y mujeres, entre ricos y pobres…" Ratifico lo que dice, y me permito opinar que también se escribe para sobrellevar los silencios o para conquistar aquellos que eliges. La escritura -y la lectura, obviamente- se nos ofrece como un mundo interior paralelo al hombre del que tenemos que tomar posesión, no importa si la mayoría de las veces se escribe para uno mismo. Eso basta y justifica. 

Solo una objeción al comentario de la poeta Aguirre. No creo que el lenguaje sea inocente. Y no sé hasta qué punto el niño utiliza con inocencia las palabras. Va distinguiendo el interés que tiene el lenguaje para sus fines a través de su uso. Siempre intenta lograr algo con ellas. Pero al menos mucho de lo que pretende aún se circunscribe al planeta de la ingenuidad y las buenas intenciones. Las palabras pueden ser ambiguas o precisas, pero buscan siempre algo y se adscriben a un mundo de ideas y de metas interesadas. Los adultos lo sabemos muy bien. Los publicistas dominan el arte de las palabras y las imágenes. Los políticos e ideólogos las revientan y las desfiguran para sus fines manipuladores. La seducción de las palabras pueden llevar a precarias verdades o a mentiras excesivas. Si hay dudas, mírese cómo funciona el entorno. 

Por otra parte, bendita Francisca Aguirre que me incita sin quererlo a leer su obra.




20.10.18

La soledad buscada de Michel de Montaigne




















Monsieur Michel Eyquem de Montaigne en sus espléndidos y vigorosos Ensayos: "Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y hasta nuestro principal retiro y soledad". ¿Simple desconexión y huida? Tal vez búsqueda, encuentro y aceptación del Yo. Continua Montaigne: "En ella debemos mantener nuestra habitual conversación con nosotros mismos, y tan privada que no tenga cabida ninguna relación o comunicación con cosa ajena; discurrir y reír como si no tuviésemos mujer, hijos ni bienes, ni séquito ni criados, para que, cuando llegue la hora de perderlos, no nos resulte nuevo arreglárnoslas sin ellos". Dejando de lado que el escritor y pensador era pudiente, y que a la hora de las pérdidas tal vez padece más el que más tiene, su reflexión es válida para todo individuo, género y condición social. En tiempos como los que vivimos en que nos acosan el estrés y la ansiedad, y nos perturbamos y confundimos con facilidad, haciendo pagar a otros los desequilibrios que se han podido generar dentro de nosotros, esta clase de pensamientos de Montaigne de hace casi cuatrocientos cincuenta años nos viene de perillas. 

Remata el autor: "Poseemos un alma que puede replegarse en sí misma; puede hacerse compañía, tiene con qué atacar y con qué defender, con qué recibir y con qué dar. No temamos en esta soledad, pudrirnos en el tedio del ocio". Naturalmente, la soledad elegida y circunstancial no es aquella otra del abandono. Y el mismo Montaigne en otras ocasiones atacaba precisamente la monotonía, el ocio, la indolencia. Acaso percepciones diferentes que tenía él y tenemos todos, ese ir y venir de la aproximación al apartamiento, de un volcarnos en los demás al retraimiento en nosotros mismos. Porque Montaigne podría vivir en un castillo, pero no vivía encastillado. Sus Ensayos son la prueba no solo del conocimiento que poseía, sino de la capacidad, la dimensión y el fruto de sus reflexiones, tan concluyentes como válidas en nuestros días.

Vivimos conectados por un lado y nos refugiamos por otro en nuestro particular horno de ideas y reflexiones donde nuestros Yo hablan de tú a tú y no se mienten. Se impone vivir con más lentitud, crearnos márgenes, buscar refugios como modo de hacer frente al desgaste de un tipo de vida veloz. Sin que todo ello implique perder el contacto, desinteresarnos de las decisiones colectivas, porque si nos gusta aprovecharnos de lo positivo que nos otorga el hecho de vivir en sociedad también nos vemos obligados a cumplir con ella. Intercambio. Distíngase del mercado. 



















12.10.18

Ser y nada, de Julius Bahnsen a Josep Maria Esquirol


















Filósofo Julius Bahnsen, discípulo de Schopenhauer: "El hombre no es sino una nada autoconsciente". Leído así estremece la frase, como si se tratara de una descarga eléctrica. Pero, ¿nos habíamos creído los seres humanos que somos algo? Nos lo creemos, tal vez, cuando nos identificamos con los objetos, llámense entorno familiar, trabajo, propiedades o medios varios que hace que nos mantengamos. Los sentimientos, los afectos, los vínculos múltiples se cosifican para convencernos de que somos algo. Ni el pensamiento ni las ideas ni las teorías desarrolladas se libran de su parte alienante. ¿Dónde queda entonces la conciencia? Acaso en la autocomplacencia, en el apoyo y justificación de todo lo cosificado que nos une con el mundo. Y ese algo, curiosamente, nos reduce, porque somos seres cambiantes y en lo más íntimo lo percibimos, somos nadas móviles en busca de un algo circunstancial y efímero, que nunca será eterno pero con lo que debemos responder al aliento vital, a la dosis de autoconsciencia que hemos desarrollado desde la bajada del árbol del primate que nos antecedió. Otro filósofo y ensayista, Josep Maria Esquirol dice en La resistencia íntima: "En castellano, nada viene del latín nulla res nata, es decir 'ninguna cosa nacida'. Que las curiosas sendas de las palabras hayan hecho que en este caso se tomara solo el nata para mencionar la idea en su conjunto nos invita a preguntarnos si todo lo nacido lleva consigo el no ser constitutivo que poco a poco le va consumiendo desde el primer día hasta el final". Neurobiólogos dicen que el individuo empieza a morir desde al poco de nacer. Idea semi metafórica, medio eufemística y no del todo descaminada. Tal vez la muerte sea la adherencia natural que nos acompaña toda la vida -no obstante los ciclos que vamos recorriendo a medida que avanzamos en edad-  y que solo llega a su cumplimiento definitivo con la última pérdida de oxigenación.
















4.10.18

La conciencia clara de Marta Sanz sobre la maternidad




















"Yo no he sido madre porque no me ha dado la gana". Escritora Marta Sanz. Más claro, agua. El mundo, parafraseando el himno, ha cambiado de base. Esa es una de las revoluciones más importantes de nuestro tiempo. De todos los tiempos, civilizaciones y culturas. La mujer que quiere ser mujer, no ama de casa obligada, ni esposa obligadamente amante y fiel, ni mera mamá solícita, muchas veces también obligada, ni empleada de segunda, ni...¿Que Marta Sanz es una privilegiada porque lo tiene claro? Bendito privilegio el de quien se sostiene de su esfuerzo, de sus personales objetivos y de la elección más libre posible de su forma de vivir.

Dice más la escritora: "Hasta no hace mucho, maternidad y cuidados eran temas de revistas que te enseñaban a hacer un punto del derecho y otro del revés. Ser una madre formaba parte de esa generosidad doméstica que nunca se remuneró porque se vinculaba con la naturaleza y los deseos femeninos: la pulsión biológica perpetúa la especie y, en ese afán, convierte la cueva en un lugar confortable. La invención de arado motivó que los trabajos se redistribuyeran, ya que las recolectoras no disponían de fuerza suficiente para su manejo. Las mujeres colonizan la intimidad. En ese contexto, la maternidad es objeto de estudios antropológicos, económicos y culturales: el ecofeminismo cuestiona la avalancha de madres que hacen de la experiencia materna el centro de su vida, mientras que divulgadores reaccionarios hablan de mujeres frustradas por haber perdido su oportunidad biológica". Claro que ¿a todas las mujeres les puede dar la gana como a ella, no solo de no asumir la maternidad sino de vivir fuera de las sujeciones? "La libertad de las opciones libres según se mire y para quién", apuntilla.




Fotografía de Ricardo Fernández Otazo


1.10.18

El peligro de que los historiadores se marginen del debate público. Gonzalo Pontón




















Gonzalo Pontón, historiador y ensayista, en Babelia: "Pienso en la responsabilidad de los historiadores". Casualmente es un pensamiento que me acecha también con frecuencia. Puesto que la sociedad no se entiende fácilmente -es plural y hay tantos planos culturales como de intereses en su seno- recurro a quien nos podría explicar los aconteceres de la Historia. Continúa Pontón: " Su honestidad profesional y su metodología científica los obliga a verificar y falsar sus hipótesis de trabajo antes de presentar sus conclusiones. Y su disciplina los fuerza a ser sumamente críticos ante los usos y abusos de la historia. ¿Por qué, entonces, esos científicos sociales permiten que la irracionalidad, la mentira recalentada, la falsedad y el cinismo se hayan apoderado de una consciencia ciudadana machacada por la propaganda política de casi todos los colores, donde 'lo limpio es sucio y lo sucio limpio, pero lo sucio es útil y lo limpio no' (J. M. Keynes)? ¿Por qué no denuncian las manipulaciones de los políticos para conseguir que las gentes voten como autómatas, si saben que la política 'es el hábitat natural de los estafadores, los fulleros y los sinvergüenzas' (J. K. Galbraith)? ¿Por qué enmudecen cuando periodistas de fortuna, publicistas mercenarios y tertulianos a granel sostienen en los medios mentiras mil veces debeladas por ellos en sus propios textos? Así hemos llegado a que aparezcan en los medios individuos ignaros afirmando enfáticamente que Franco nunca mató a nadie".

Tantas preguntas que él y muchos nos hacemos. Nadie como los historiadores tienen a su alcance los datos, métodos, ubicación laboral y capacidad de analizar y comparar factores de la compleja vida del país como lo tienen ellos. Pero siguen sucediendo cosas, en la sociedad actual se sigue ignorando lo que hubo, se montan explicaciones, que no interpretaciones, míticas o de justificación interesada, la enseñanza no está a la altura de la verdad y la conclusión es que las nuevas generaciones saben lo mismo o menos que las de sus padres o abuelos. Al menos estas tenían testimonios más o menos directos e inmediatos y se debatía con ellos en la mano.

La perplejidad que algunos tenemos la participa también Gonzalo Pontón: "No soy ningún ingenuo; soy, ya, viejo. Y conozco bien el descrédito de la cultura y el ningún caso que una sociedad filistea hace a los científicos sociales, que no tienen otro poder que el de sus saberes. Pero si los historiadores se marginan del debate público, si no se sumergen en la sociedad, fajándose en ella, si no tienen nada que decir a los hombres y mujeres de hoy, si no pueden ayudarlos en sus angustias y en sus esperanzas, entonces ¿de qué vale su ciencia?"

He ahí la clave. No basta con la investigación de gabinete y puertas adentro, cuyo fin es realizar algunas tesis, publicar algunos libros y que queden en los anaqueles de las bibliotecas que apenas manejará nadie. O los saberes se traducen en divulgación honesta y a su vez esta desemboca en debate y conocimiento amplio entre los miembros de la sociedad o se podrá decir que prospectar la Historia que nos atañe a todos no sirve para nada. Los historiadores deberían mojarse más en el espacio del debate público, para ayudar a hacer país y menos circo, mediático o partidista. Mientras, hay una parálisis -salvo honrosas y varias excepciones- de llevar el conocimiento del pasado y su repercusión en el presente a la sociedad, hay una dejación de la participación de los historiadores entre los políticos y los mass media, y lo que cunden son los profetas, los constructores de mitos, los eternos adulteradores del pasado en aras a su propio beneficio actual, en fin, los inventores de cuentos (León Felipe protestaba poéticamente: 'Me sé todos los cuentos'). Y ellos, esa gente que fomenta confusión, enfrentamiento y parcelas de poder para ellos mismos, sí que influyen. Y hay que ver cómo y con qué riesgos para todos.





29.9.18

Cuando la patria del deseo no entiende de ética, según Lluís Bosch
















"Los independentistas hablan desde el deseo: el deseo de tener un país, un país que sea una patria, una patria que sea independiente de España". Lluís Bosch en su blog Mil demonios. Curioso. Al final todo, incluso en política o en sociedad, nos remite tanto a la conducta ética (o su carencia y manipulación) como al subconsciente personal (sea sexualidad o erótica de los negocios) Continúa Bosch: "Qué les importa a ellos si la patria es mítica, si jamás ha existido un país llamado 'Cataluña'. Lo que saben es que lo desean, que su padre -ya fallecido- lo deseaba, que su abuelo lo deseaba. Que sienten el deseo en sus entrañas, en sus sueños, en su duermevela. El deseo de la patria ocupa el mismo espacio que el deseo sexual y se manifiesta en los mismos instantes. El deseo de la patria excita, calienta: hay mucho léxico erótico metido en la palabrería patriótica y no es por casualidad ni es anécdota. Hace unos años, cuando Alfred Bosch era diputado en las Cortes españolas, dijo: "el independentismo es sexy". Machismo puro y atracción por el malote. Sin saberlo y sin quererlo, Alfred Bosch nos dió la definición del problema y su solución. Pero nadie lo entendió".

Aguda aportación de un catalán nada cerril que padece en sus carnes cuanto va aconteciendo allí. Para entender el texto entresacado remito al contexto, es decir, al artículo completo. No tiene pérdida.