6.1.19

Proteger la individualidad. La miga de Sara Mesa en su novela Cara de pan





















"Planteo temas muy importantes en mi libro, como el linchamiento social o el cómo se proyectan las expectativas de los demás sobre uno y qué pasa si uno no encaja con esas expectativas". Sara Mesa, escritora, entrevistada en la revista ICON. O cómo una manera tan sencilla, precisa y modesta de explicar de qué va fundamentalmente su última novela, Cara de pan, le pica a uno en la curiosidad. Ella añade: "Las dificultades de crecer. Crecer es adaptarse al código de lo esperado. Pero, por debajo de eso, lo que hay son ganas de huir". ¿Quién no ha sentido alguna vez esa tensión, esa tentación, digamos, bien en la infancia y adolescencia, bien a lo largo de la vida de adultos? La organización social conlleva una serie de obligaciones -el pacto o la dependencia entre individuo y tribu, esta en todas sus dimensiones-  para el humano de nuestro tiempo. Acaso muchas más que en otras épocas, pues todo es más complejo. Y además el sistema de valores, apreciaciones y exigencias se vuelve agobiante e incluso sumamente opresor. ¿Quién no ha necesitado alguna vez ganas de huir o ha llegado a hacerlo en mayor o menor medida ante la presión social? El introvertido -ocasional o perenne- es un ser de nuestro mundo, en tantos casos relegado e ignorado. "Tiene mucho que ver con la idea que cada vez va imponiéndose más del éxito y el fracaso", explica Mesa. "Un concepto muy americano. El exitoso es extrovertido, se relaciona muy bien, tiene capacidad de liderazgo. La soledad, la introversión, se empiezan a entender, no comos rasgos, sino como problemas de la personalidad". 

Sara Mesa da en el clavo. Yo añadiría que cuántas personalidades diferentes se tratan como patologías enfermizas o maníacas, con lo cual poco se favorece al individuo que huye. Más bien se le expulsa de la colectividad. Puede durar toda la vida. Mesa habla: "Vuelvo al asunto de crecer, porque incluso cuando somos adultos tenemos que seguir adaptándonos al grupo y perdiendo nuestra individualidad". Ah, ¿quién habló de que el hombre es libre, demiurgo y propietario de su vida? Una ilusión tal vez, aunque somos tan creyentes de las ilusiones...¿Mensaje negativo de la escritora y criterio pesimista el mío? No necesariamente, y Sara Mesa lo dice muy claro: "Para preservar la individualidad hay tres fórmulas: el arte, creándolo o disfrutándolo; el juego, y el sentido del humor, fundamental para afrontar la vida. Eso es lo que nos ancla a los niños que fuimos y a la base de nuestra personalidad. Esos son nuestros refugios". ¿Quién da más y con tanta claridad?







18.12.18

El Roto y el niño rebelde en el útero

























El Roto o cuando las imágenes concisas pero precisas de un maestro del lenguaje gráfico y reflexivo valen más que mil discursos. Francisco de Goya se admiraría de haber tenido seguidores dos siglos después.




30.11.18

Paleoantropóloga María Martinón Torres. Servicio y servidumbre del hombre






Paleoantropóloga María Martinón Torres en un artículo aparecido hoy: "Hace 2,5 millones de años la tecnología comenzaba a servir al hombre y hoy nos preguntamos si es el hombre el que depende, servil, de la tecnología". ¿No ha habido siempre algún grado de servidumbre de la tecnología? Sin aquellas primeras herramientas de los antepasados desde hace más de dos millones y pico de años ni ellos ni otros después habrían llegado a nada. Se debían a ellas, pero también las herramientas o armas se debían al esfuerzo por perfeccionarlas. Relación complementaria. Y es que todo perfeccionamiento de una herramienta o de una máquina proporciona una capacidad de transformación. Las manos han sido vitales y en nuestro tiempo, no digo en el futuro, en cierto modo, las manos reducen su capacidad de acción, si no la pierden en muchos casos, para dar paso a máquinas y sistemas informáticos de última generación. Precisa Martinón: "Hay quien dice que el éxito de la humanidad llegó cuando fuimos capaces de independizarnos del medio, una afirmación que a mí me produce sentimientos encontrados. Con las primeras herramientas arrancó la historia de lo que algunos llaman nuestra 'liberación'. Sin embargo, el relato de nuestro éxito como el de la conquista de nuestra independencia del entorno tiene ecos de hijo desagradecido que muerde la mano que le da de comer, que se jacta de esclavizar la tierra que un día le sirvió de cuna. También es verdad que las mismas manos que pueden tallar árboles o clavar puñales pueden plantar flores, tocar el piano o curar heridas. Todas son cosas de humanos, al fin y al cabo". 

Se podría entender que hubo un cierto grado de independencia del medio para caer en nuevas dependencias de otros medios. O de otros recursos, o de otras herramientas. El juego homínido -sea de australopithecus, neandertales o sapiens, o de lo que venga con las nuevas creaciones de variantes de la especie que traiga la biotecnología- siempre será dual. Coincido con la especialista en que, visto en perspectiva, el comportamiento del hijo de aquella naturaleza ha sido un tanto ingrato con la Tierra. Pero es que dual es también el esfuerzo. El desafío de sobrevivir la especie a costa de profundas y no siempre racionales transformaciones de las que no tenemos claro si en el grado de alarma que hemos alcanzado se podrán parar. El lado oscuro y violento y la parte racional y colaboradora del hombre conviven en un difícil equilibrio. ¿Hasta qué punto un rostro se ha impuesto siempre al otro?














28.11.18

Saltar de la moral a la ética. Poeta Chantal Maillard





Poeta y ensayista Chantal Maillard en su artículo El semejante: "Lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne". Pero, ¿qué creemos que nos concierne? ¿Nuestro más o menos reducido ámbito, nuestras necesidades personales, nuestras ansias de ganancia? Maillard: "Lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción". ¿Será, piensa uno, este el punto de la confusión en que vivimos, no distinguir lo real de lo ficticio? La poeta sigue: "Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no 'en directo', sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla".

El tema planteado nos remite al Yo y al Otro, a nosotros y al prójimo. Y nos sitúa en la cuestión moral: ¿cómo sentirnos concernidos por lo que le pasa al otro sin una cesión de algo de nosotros mismos? Dice Chantal Maillard: "La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra". No lo pongo en duda, pero ¿estamos condenados para siempre a esa espiral que nos persigue desde el principio de las tribus o de las sociedades?  "En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida".

No puedo poner peros a la argumentación de Maillard, y solo se me ocurren preguntas. ¿No llevamos ya demasiados milenios sin resolver la cuestión? ¿Ha avanzado el pensamiento humano hasta el punto de distinguir moral y ética y hacer de esta última una herramienta constructiva para el futuro de la convivencia? ¿Nos vemos incapaces de salir del círculo vicioso de los sofismas que nos mueven entre la piedad y la compasión y solo conducen a justificar nuestro statu quo? ¿Cuántas guerras más o cuántas carencias serán necesarias para entender que lo que concierne en un mundo globalizado debe comprenderse como tal? Chantal Maillard plantea elementos de debate, no solo de opinión, porque como ella afirma en su artículo "ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate".



22.11.18

La honesta lucidez de Rodolfo Otero, bailaor














“Yo no soy una persona muy dada a la grandilocuencia. Me encanta la gente que tiene cultura, me encantan los poetas, los literatos, los escritores; me encanta lo que yo haga si lo hago bien, si lo hago mal me detesto. Porque lo más precioso que puede haber en esta vida es estar conforme con uno mismo, sabiendo que lo que hace es de verdad y que no engaña a nadie. Que es muy difícil, porque a la mayoría de la gente le gusta engañar, aparentar, ser… y el que es de verdad no hace falta que lo diga, se le ve”. Rodolfo Otero, bailaor vallisoletano, fallecido a los 86 años el pasado sábado. Hasta hace cuatro días se le veía en la bici por la ciudad. Palabras escuetas, justas, precisas, sinceras las suyas. Yo diría que necesarias. Porque necesitamos escuchar la voz de la sabiduría, que es la de la resistencia, no la de los vendedores de feria ni la de los demagogos a sueldo público. Al pan, pan. La antítesis del ritmo efímero y superficial de nuestro tiempo.

Salud, Rodolfo, y eterno baile.














Rodolfo Otero entre Benito Carracedo, a la derecha, autor del libro Rodolfo Otero: amor por la danza, y Julio Martínez, editor, en la presentación del libro en abril de 2017.





19.11.18

Conquistar el silencio. Julio Llamazares














Escritor Julio Llamazares: "La conquista del silencio debería ser un objetivo político como el de la calidad del aire o la pureza de nuestros mares y ríos". Me apunto a defender ese derecho y a realizar esa conquista. No exige banderas, ni himnos, ni insignias, ni carnés, ni ideología de pensamiento único. Solo buena intención y manos a la obra. Continua Llamazares: "La contaminación acústica que entorpece nuestras conversaciones, no digamos ya nuestro pensamiento, en países como España es cada vez más difícil de soportar, pese a lo cual no parece preocuparles a muchos, a juzgar por los gritos que llenan los establecimientos públicos y los medios de comunicación no escritos".

Uno echa de menos aquellos tiempos en que había infinidad de tertulias y encuentros en cafeterías, o lecturas en soledad,  sin que la música saliera de su segundo plano de acompañamiento. Pero los interiores y los exteriores se fundieron en un universo de ruido donde difícilmente el hombre común tiene escape y relajación. Insiste el escritor leonés: "Entregadas al griterío y el ruido (que en muchos bares y restaurantes la televisión o la música contribuyen a amplificar), la mayoría de las personas están lejos hoy de entender siquiera que el silencio es un derecho de todos como el aire y el agua limpios o como cualquiera de los que figuran en la Constitución de cualquier país". Algunos justifican el ruido como parte de la idiosincrasia, poco menos que sacramental, del español. Mala idiosincrasia la que se basa en la falta de respeto y la consideración hacia el otro.

Da en la clave Llamazares: de objetivo cívico debería pasar a político el compromiso de combatir el ruido y recuperar los silencios del individuo. Pero, ¿quién pone el cascabel al gato si no ponemos todos de nuestra parte para enmendar nuestras negras y enraizadas conductas?




14.11.18

Para qué escribe Francisca Aguirre, poeta














“Escribes para no andar a gritos y para no volverte loca". Francisca Aguirre, reciente Premio Nacional de las Letras. Suficiente y saludable argumento el que propone. Y añade: "La poesía tranquiliza. A mí me ayuda. El mundo es injusto pero el lenguaje es inocente. El poder de las mujeres es tener la oportunidad de decir que no. Por eso es tan importante la educación, la independencia. Queda mucho por hacer porque la desigualdad sigue siendo enorme: entre hombre y mujeres, entre ricos y pobres…" Ratifico lo que dice, y me permito opinar que también se escribe para sobrellevar los silencios o para conquistar aquellos que eliges. La escritura -y la lectura, obviamente- se nos ofrece como un mundo interior paralelo al hombre del que tenemos que tomar posesión, no importa si la mayoría de las veces se escribe para uno mismo. Eso basta y justifica. 

Solo una objeción al comentario de la poeta Aguirre. No creo que el lenguaje sea inocente. Y no sé hasta qué punto el niño utiliza con inocencia las palabras. Va distinguiendo el interés que tiene el lenguaje para sus fines a través de su uso. Siempre intenta lograr algo con ellas. Pero al menos mucho de lo que pretende aún se circunscribe al planeta de la ingenuidad y las buenas intenciones. Las palabras pueden ser ambiguas o precisas, pero buscan siempre algo y se adscriben a un mundo de ideas y de metas interesadas. Los adultos lo sabemos muy bien. Los publicistas dominan el arte de las palabras y las imágenes. Los políticos e ideólogos las revientan y las desfiguran para sus fines manipuladores. La seducción de las palabras pueden llevar a precarias verdades o a mentiras excesivas. Si hay dudas, mírese cómo funciona el entorno. 

Por otra parte, bendita Francisca Aguirre que me incita sin quererlo a leer su obra.




20.10.18

La soledad buscada de Michel de Montaigne




















Monsieur Michel Eyquem de Montaigne en sus espléndidos y vigorosos Ensayos: "Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y hasta nuestro principal retiro y soledad". ¿Simple desconexión y huida? Tal vez búsqueda, encuentro y aceptación del Yo. Continua Montaigne: "En ella debemos mantener nuestra habitual conversación con nosotros mismos, y tan privada que no tenga cabida ninguna relación o comunicación con cosa ajena; discurrir y reír como si no tuviésemos mujer, hijos ni bienes, ni séquito ni criados, para que, cuando llegue la hora de perderlos, no nos resulte nuevo arreglárnoslas sin ellos". Dejando de lado que el escritor y pensador era pudiente, y que a la hora de las pérdidas tal vez padece más el que más tiene, su reflexión es válida para todo individuo, género y condición social. En tiempos como los que vivimos en que nos acosan el estrés y la ansiedad, y nos perturbamos y confundimos con facilidad, haciendo pagar a otros los desequilibrios que se han podido generar dentro de nosotros, esta clase de pensamientos de Montaigne de hace casi cuatrocientos cincuenta años nos viene de perillas. 

Remata el autor: "Poseemos un alma que puede replegarse en sí misma; puede hacerse compañía, tiene con qué atacar y con qué defender, con qué recibir y con qué dar. No temamos en esta soledad, pudrirnos en el tedio del ocio". Naturalmente, la soledad elegida y circunstancial no es aquella otra del abandono. Y el mismo Montaigne en otras ocasiones atacaba precisamente la monotonía, el ocio, la indolencia. Acaso percepciones diferentes que tenía él y tenemos todos, ese ir y venir de la aproximación al apartamiento, de un volcarnos en los demás al retraimiento en nosotros mismos. Porque Montaigne podría vivir en un castillo, pero no vivía encastillado. Sus Ensayos son la prueba no solo del conocimiento que poseía, sino de la capacidad, la dimensión y el fruto de sus reflexiones, tan concluyentes como válidas en nuestros días.

Vivimos conectados por un lado y nos refugiamos por otro en nuestro particular horno de ideas y reflexiones donde nuestros Yo hablan de tú a tú y no se mienten. Se impone vivir con más lentitud, crearnos márgenes, buscar refugios como modo de hacer frente al desgaste de un tipo de vida veloz. Sin que todo ello implique perder el contacto, desinteresarnos de las decisiones colectivas, porque si nos gusta aprovecharnos de lo positivo que nos otorga el hecho de vivir en sociedad también nos vemos obligados a cumplir con ella. Intercambio. Distíngase del mercado. 



















12.10.18

Ser y nada, de Julius Bahnsen a Josep Maria Esquirol


















Filósofo Julius Bahnsen, discípulo de Schopenhauer: "El hombre no es sino una nada autoconsciente". Leído así estremece la frase, como si se tratara de una descarga eléctrica. Pero, ¿nos habíamos creído los seres humanos que somos algo? Nos lo creemos, tal vez, cuando nos identificamos con los objetos, llámense entorno familiar, trabajo, propiedades o medios varios que hace que nos mantengamos. Los sentimientos, los afectos, los vínculos múltiples se cosifican para convencernos de que somos algo. Ni el pensamiento ni las ideas ni las teorías desarrolladas se libran de su parte alienante. ¿Dónde queda entonces la conciencia? Acaso en la autocomplacencia, en el apoyo y justificación de todo lo cosificado que nos une con el mundo. Y ese algo, curiosamente, nos reduce, porque somos seres cambiantes y en lo más íntimo lo percibimos, somos nadas móviles en busca de un algo circunstancial y efímero, que nunca será eterno pero con lo que debemos responder al aliento vital, a la dosis de autoconsciencia que hemos desarrollado desde la bajada del árbol del primate que nos antecedió. Otro filósofo y ensayista, Josep Maria Esquirol dice en La resistencia íntima: "En castellano, nada viene del latín nulla res nata, es decir 'ninguna cosa nacida'. Que las curiosas sendas de las palabras hayan hecho que en este caso se tomara solo el nata para mencionar la idea en su conjunto nos invita a preguntarnos si todo lo nacido lleva consigo el no ser constitutivo que poco a poco le va consumiendo desde el primer día hasta el final". Neurobiólogos dicen que el individuo empieza a morir desde al poco de nacer. Idea semi metafórica, medio eufemística y no del todo descaminada. Tal vez la muerte sea la adherencia natural que nos acompaña toda la vida -no obstante los ciclos que vamos recorriendo a medida que avanzamos en edad-  y que solo llega a su cumplimiento definitivo con la última pérdida de oxigenación.
















4.10.18

La conciencia clara de Marta Sanz sobre la maternidad




















"Yo no he sido madre porque no me ha dado la gana". Escritora Marta Sanz. Más claro, agua. El mundo, parafraseando el himno, ha cambiado de base. Esa es una de las revoluciones más importantes de nuestro tiempo. De todos los tiempos, civilizaciones y culturas. La mujer que quiere ser mujer, no ama de casa obligada, ni esposa obligadamente amante y fiel, ni mera mamá solícita, muchas veces también obligada, ni empleada de segunda, ni...¿Que Marta Sanz es una privilegiada porque lo tiene claro? Bendito privilegio el de quien se sostiene de su esfuerzo, de sus personales objetivos y de la elección más libre posible de su forma de vivir.

Dice más la escritora: "Hasta no hace mucho, maternidad y cuidados eran temas de revistas que te enseñaban a hacer un punto del derecho y otro del revés. Ser una madre formaba parte de esa generosidad doméstica que nunca se remuneró porque se vinculaba con la naturaleza y los deseos femeninos: la pulsión biológica perpetúa la especie y, en ese afán, convierte la cueva en un lugar confortable. La invención de arado motivó que los trabajos se redistribuyeran, ya que las recolectoras no disponían de fuerza suficiente para su manejo. Las mujeres colonizan la intimidad. En ese contexto, la maternidad es objeto de estudios antropológicos, económicos y culturales: el ecofeminismo cuestiona la avalancha de madres que hacen de la experiencia materna el centro de su vida, mientras que divulgadores reaccionarios hablan de mujeres frustradas por haber perdido su oportunidad biológica". Claro que ¿a todas las mujeres les puede dar la gana como a ella, no solo de no asumir la maternidad sino de vivir fuera de las sujeciones? "La libertad de las opciones libres según se mire y para quién", apuntilla.




Fotografía de Ricardo Fernández Otazo


1.10.18

El peligro de que los historiadores se marginen del debate público. Gonzalo Pontón




















Gonzalo Pontón, historiador y ensayista, en Babelia: "Pienso en la responsabilidad de los historiadores". Casualmente es un pensamiento que me acecha también con frecuencia. Puesto que la sociedad no se entiende fácilmente -es plural y hay tantos planos culturales como de intereses en su seno- recurro a quien nos podría explicar los aconteceres de la Historia. Continúa Pontón: " Su honestidad profesional y su metodología científica los obliga a verificar y falsar sus hipótesis de trabajo antes de presentar sus conclusiones. Y su disciplina los fuerza a ser sumamente críticos ante los usos y abusos de la historia. ¿Por qué, entonces, esos científicos sociales permiten que la irracionalidad, la mentira recalentada, la falsedad y el cinismo se hayan apoderado de una consciencia ciudadana machacada por la propaganda política de casi todos los colores, donde 'lo limpio es sucio y lo sucio limpio, pero lo sucio es útil y lo limpio no' (J. M. Keynes)? ¿Por qué no denuncian las manipulaciones de los políticos para conseguir que las gentes voten como autómatas, si saben que la política 'es el hábitat natural de los estafadores, los fulleros y los sinvergüenzas' (J. K. Galbraith)? ¿Por qué enmudecen cuando periodistas de fortuna, publicistas mercenarios y tertulianos a granel sostienen en los medios mentiras mil veces debeladas por ellos en sus propios textos? Así hemos llegado a que aparezcan en los medios individuos ignaros afirmando enfáticamente que Franco nunca mató a nadie".

Tantas preguntas que él y muchos nos hacemos. Nadie como los historiadores tienen a su alcance los datos, métodos, ubicación laboral y capacidad de analizar y comparar factores de la compleja vida del país como lo tienen ellos. Pero siguen sucediendo cosas, en la sociedad actual se sigue ignorando lo que hubo, se montan explicaciones, que no interpretaciones, míticas o de justificación interesada, la enseñanza no está a la altura de la verdad y la conclusión es que las nuevas generaciones saben lo mismo o menos que las de sus padres o abuelos. Al menos estas tenían testimonios más o menos directos e inmediatos y se debatía con ellos en la mano.

La perplejidad que algunos tenemos la participa también Gonzalo Pontón: "No soy ningún ingenuo; soy, ya, viejo. Y conozco bien el descrédito de la cultura y el ningún caso que una sociedad filistea hace a los científicos sociales, que no tienen otro poder que el de sus saberes. Pero si los historiadores se marginan del debate público, si no se sumergen en la sociedad, fajándose en ella, si no tienen nada que decir a los hombres y mujeres de hoy, si no pueden ayudarlos en sus angustias y en sus esperanzas, entonces ¿de qué vale su ciencia?"

He ahí la clave. No basta con la investigación de gabinete y puertas adentro, cuyo fin es realizar algunas tesis, publicar algunos libros y que queden en los anaqueles de las bibliotecas que apenas manejará nadie. O los saberes se traducen en divulgación honesta y a su vez esta desemboca en debate y conocimiento amplio entre los miembros de la sociedad o se podrá decir que prospectar la Historia que nos atañe a todos no sirve para nada. Los historiadores deberían mojarse más en el espacio del debate público, para ayudar a hacer país y menos circo, mediático o partidista. Mientras, hay una parálisis -salvo honrosas y varias excepciones- de llevar el conocimiento del pasado y su repercusión en el presente a la sociedad, hay una dejación de la participación de los historiadores entre los políticos y los mass media, y lo que cunden son los profetas, los constructores de mitos, los eternos adulteradores del pasado en aras a su propio beneficio actual, en fin, los inventores de cuentos (León Felipe protestaba poéticamente: 'Me sé todos los cuentos'). Y ellos, esa gente que fomenta confusión, enfrentamiento y parcelas de poder para ellos mismos, sí que influyen. Y hay que ver cómo y con qué riesgos para todos.





29.9.18

Cuando la patria del deseo no entiende de ética, según Lluís Bosch
















"Los independentistas hablan desde el deseo: el deseo de tener un país, un país que sea una patria, una patria que sea independiente de España". Lluís Bosch en su blog Mil demonios. Curioso. Al final todo, incluso en política o en sociedad, nos remite tanto a la conducta ética (o su carencia y manipulación) como al subconsciente personal (sea sexualidad o erótica de los negocios) Continúa Bosch: "Qué les importa a ellos si la patria es mítica, si jamás ha existido un país llamado 'Cataluña'. Lo que saben es que lo desean, que su padre -ya fallecido- lo deseaba, que su abuelo lo deseaba. Que sienten el deseo en sus entrañas, en sus sueños, en su duermevela. El deseo de la patria ocupa el mismo espacio que el deseo sexual y se manifiesta en los mismos instantes. El deseo de la patria excita, calienta: hay mucho léxico erótico metido en la palabrería patriótica y no es por casualidad ni es anécdota. Hace unos años, cuando Alfred Bosch era diputado en las Cortes españolas, dijo: "el independentismo es sexy". Machismo puro y atracción por el malote. Sin saberlo y sin quererlo, Alfred Bosch nos dió la definición del problema y su solución. Pero nadie lo entendió".

Aguda aportación de un catalán nada cerril que padece en sus carnes cuanto va aconteciendo allí. Para entender el texto entresacado remito al contexto, es decir, al artículo completo. No tiene pérdida. 




25.4.18

Ordenadores y adicción según Adam Alter
















Adam Alter, psicólogo estadounidense: "Con tanta tecnología creo que somos menos felices como comunidad, como sociedad". ¿Es comprobación o una blasfemia contra una conducta asumida rápidamente por los individuos? Alter lo describe así: "Si dedicamos menos tiempo a las cosas que nos hacen humanos, y nos pasamos las cuatro horas que tenemos libres al teléfono haciendo lo mismo, nos volvemos homogéneos. Necesitamos dedicar ese tiempo libre a nuestras aficiones, a hacer deporte, a pasear por la naturaleza, a conversar cara a cara. Es vital para el desarrollo de las personas". 

La cuestión nos explota, aunque los que tenemos cierta edad nos consideremos inmunes al contagio, algo falso. Lo bueno a favor de los individuos de edad avanzada es que al menos hemos tenido una vida de comunicación sabrosa y amplia. Las nuevas generaciones ya están mamando los aparatos informáticos desde la sillita en que les llevan sus papás. Pero los adultos hemos entrado de lleno en la seducción de las nuevas tecnologías y, como explica Adam Alter, las pantallas son una amenaza para la sociedad abierta "porque refuerzan el efecto de caja de resonancia. La gente se queda en las plataformas en las que ve reflejadas sus mismas ideas y puntos de vista. Eso te hace ser más intransigente, dogmático y testarudo. Facebook sabe que a la gente le gusta ver que otros comparten sus mismas ideas. Las plataformas están diseñadas para tratar de mantenerte conectado al dispositivo, para reforzar esa resonancia; no quieren alterar el mensaje introduciendo opiniones diferentes". Conclusión: si uno no somete a discusión lo más directa posible con otros sus criterios sobre la vida, sus ideas, sus proyectos o sus ilusiones, y se empapa para seguir generando el hombre diverso y con puntos de vista amplios, ¿qué tipo de hombre-robot no le espera a la Tierra en el futuro inmediato?

Naturalmente Adam Alter señala los signos de la adicción en que estamos cayendo: " La primera señal es social, si compromete las relaciones. La segunda es financiera, si esa interacción acaba costando más dinero del pensado. La tercera es física, porque la pérdida de atención puede causar un accidente o porque no se hace ejercicio. Y la cuarta es psicológica, porque cambia la manera en la que afrontas el aburrimiento. Esto último parece una tontería, pero el teléfono está ocupando cada segundo que tienes libre. Está bien que no te aburras, pero del aburrimiento surgen ideas". Entiendo ese aburrimiento como parada y reflexión. Quien come una misma dieta acaba predisponiendo su sistema digestivo a los límites de la misma. Esto vale para la influencia desmedida de las tecnologías mediáticas, aunque como dice Alter "si dependes de la tecnología en tu rutina diaria, no hay alternativa porque nuestras vidas están llenas de pantallas y es muy difícil comunicarse sin ellas. Para la mayoría de los adultos se han convertido, además, en un elemento que define quién eres".

Dejemos una puerta abierta a saber medirnos. Siempre será posible un punto de contrición. Es un deseo.





20.4.18

Una guinda de Mark Twain













“Suponga que usted fuese un idiota y suponga que usted fuese un miembro del Congreso. Vaya, pero si estoy siendo reiterativo”. Corrosivo e irónico Mark Twain. Aunque también podría haber sido una de las ingeniosas guindas de Groucho Marx. Visto el panorama general de la representación en los distintos estamentos de nuestro país también uno tiende a sentirse con frecuencia reiterativo. Por supuesto que podría alterarse el calificativo, es demasiado simple en su dureza, y poner otros más precisos. ¿Se les ocurre alguno? Anda que no hay...Pero ojo, que la pelota la pone en juego el votante. Quién sabe, por lo tanto, si no le está tocando a este una parte alícuota en el reparto de epítetos cuando no está conforme con los que le representan.



11.4.18

La armonía y la cooperación entre las emociones y la razón, vistas desde Antonio Damasio















"Siempre tenemos unos sentimientos con los que negocia nuestra razón". Neurólogo portugués Antonio Damasio. Pero ¿no nos habían imbuido la idea religiosa de que los sentimientos eran expresión de la fragilidad y la razón poco menos que conquista del superhombre? ¿Y que ambos chocaban? ¿Y que ceder a los primeros era no ser competitivo? El conocimiento humano ha avanzado a pesar de los palos en las ruedas de la investigación. Los viejos tópicos duales, que dividían la personalidad del individuo, alma/cuerpo, emociones/intelecto, etc., caen por el peso de la investigación. Damasio sabe mucho de eso: " Esta idea de que los sentimientos fueron una parte de la historia y entonces a partir de cierto punto te vuelves racional y vas a dirigir el mundo con la razón no tiene sentido. Si te digo que he decidido que este mundo va a ser mucho mejor si haces esto y lo otro para que lo aceptes y lo hagas, vas a preguntar: ¿Por qué tengo que hacerlo? La resistencia a las imposiciones es parte de nuestra naturaleza, rechazamos los dogmas. Así que la negociación de la razón a través del afecto es necesaria. Somos criaturas afectivas y eso no va a desaparecer".

La pregunta que me hago: esa negociación ¿debe ser solo  algo puramente individual e íntimo, que muchos hombres habrán estado haciendo toda su vida, porque es un reflejo instintivo de aquello de lo que estamos formados, no obstante trabas y dificultades? ¿O la sociedad y sus criaturas mecánicas y administrativas -no digamos ya la mentalidad de las ideologías dominantes-  deben cooperar a una comprensión más armónica de aquello que compone, para bien, el individuo? Damasio tiene su punto de vista, que yo comparto: "Los ingenieros están convencidos de que el sustrato no cuenta. Y eso es un gran error, porque no prestan atención a los sentimientos. La inteligencia artificial opera en el mundo del intelecto. Es un mundo muy preciso, pero nosotros somos mucho más blandos, operamos en un mundo de vida vulnerable. Si vas a Silicon Valley y hablas con esa gente, no se ven a sí mismos y no ven a otros, son muy buenos con las matemáticas y con la computación y piensan que todo el mundo es código. Pero no lo es. Un ordenador no tiene enfermedades, no se va a resfriar, no va a tener cáncer. Nosotros estamos hechos de un material muy vulnerable. Si sales a la calle y cruzas con un semáforo en rojo y un coche te golpea te rompes los huesos y puedes morir. El sentido de si la vida está siendo buena o mala se expresa a través de los sentimientos. Los sentimientos expresan mentalmente si la homeostasis está funcionando o no y eso no lo puedes tener en un ordenador a menos que crees un cuerpo para el ordenador. Por eso, cuando alguien plantea que va a cargar su conciencia en un ordenador, pregunto si va a cargar también un cuerpo. Porque si no cargas también tu cuerpo, no vas a ser tú. Será un ordenador con tus ideas, pero no tendrá tus sentimientos".

El hombre cotidiano, con una mente hecha de intelecto y emoción, de capacidad racionalizadora y de expresiones sentimentales, sigue siendo la verdadera alternativa al robot. Si este sustituye al hombre, ¿qué será de la especie?




7.4.18

Jacques Barzun, historiador de la vida














Jacques Barzun, historiador: "La vejez es como aprender una nueva profesión. Y ciertamente no una que uno haya elegido." Que Barzun dijera esto al cumplir los cien años de edad es de sobresaliente cum laude. Es obvio que arrieros somos y en el camino nos encontraremos con nuestra propia naturaleza. Probablemente tampoco hay una fórmula mágica que se elija para garantizarnos una existencia saludable y larga, y no siempre los extremos cuidados que perseguimos con obsesión garantizan esa nueva profesión. "Todo lo que no se come hace bien a la salud", dice con una filosofía que no es solo humor Guido Ceronetti. Aunque ciertamente vivir no depende acaso tanto de los hábitos y dietas alimenticias como de la propia mentalidad que tenga el individuo. Ya Séneca decía que "el mayor impedimento para vivir son las esperanzas que dependen del mañana". Que el hombre derrocha demasiada energía en procurar su futuro y desaprovecha el tiempo mientras dilata el disfrute y la oportunidad del día a día. Y precisamente esa actitud de depender tanto de planes de futuro conllevan el estrés, la ansiedad y los hábitos adictivos que intentan compensar los desajustes corporales. Pero, en fin, y siempre el eterno dilema: ¿elegimos vivir o somos hijos del azar que decide por nosotros?

Uno de los regalos que Jacques Barzun nos legó es su visión sobre quinientos años de vida cultural en Occidente, Del amanecer a la decadencia. Un repaso riguroso y ameno con conclusiones que desmitifican y sorprenden, que nos ayudan a ser más sabios. Y no solo por viejos.





















31.3.18

Los controles de Facebook y asociados o la esclavitud buenamente asumida, según Muñoz Molina













"Cada día, a cada momento, centenares de millones de personas regalan, con conmovedora generosidad, todos los pormenores de su vida, de sus aficiones, de sus inclinaciones, de sus manías políticas a una empresa que a cambio les provee con una réplica adaptada del mundo, o personalizada, por decirlo con la palabra inevitable, y que al mismo tiempo de confortarlos y de envolverlos en un capullo hermético de certezas compartidas más o menos tribales, los somete a una especie de radiografía íntima, como bacterias en un cultivo biológico o como esos ratones de los laboratorios que rondan por sus laberintos de cartón llevando diminutos electrodos incrustados en el cráneo", escribe Antonio Muñoz Molina en su último artículo publicado de Babelia

¿Nadie se da cuenta de cómo el individuo está vendiendo su primogenitura no ya por un plato de lentejas sino por una mirada de Narciso sobre el río? Entendamos el término primogenitura como privacidad, intimidad. Y si lo esencial, tu derecho al pudor y a lo protegido queda al descubierto y se lo regalas a quienes van a comerciar con ello ¿qué garantías te quedan de que tanto tu conciencia como tu libertad estén a salvo? Así pasan las cosas que están pasando. Que avispadas empresas -llámense Facebook o Cambridge Analytica- saben multiplicar y sacar su jugo a la información que obtienen de los usuarios, que la ceden a lo tonto. Información que posteriormente se convierte en influencia sobre masas, sobre millones de ciudadanos. Una esclavitud de nuestros tiempos no obligada, sino solicitada. Y luego no nos extrañemos que se dirija el voto, se adulteren tendencias, se despersonalice el pensamiento y salgan elegidos gobiernos bestias. A la altura en que operan esa clase de empresas no queda duda de que el poder es cada vez más único. Y más Poder. Mientras que la representación popular queda en una entelequia. Eso sí, en su nombre se justifica la barbarie.















27.11.17

Gao Xingjian y los problemas de la democracia
















“La democracia se está degradando y se enfrenta hoy a gravísimos problemas”.Gao Xingjian, escritor septuagenario chino. Habla en lo que le toca como ciudadano también francés, pues en su país de origen jamás conocieron la Democracia parlamentaria al estilo occidental. Y pone el dedo en la llaga que muchos hemos considerado hace tiempo, pero cuyo criterio no se tiene en cuenta: "No puede ser solamente un simple recuento de votos, sin perspectiva, horizonte y futuro. Y eso es lo que pasa si dejamos a los políticos manipular a la población para obtener el poder del escrutinio. Eso no soluciona la crisis económica, la contaminación, el terrorismo, el desempleo, la globalización”. Tal vez la democracia en Occidente tenga dos rostros. Proporciona un cierto plano de libertades y modos de vida tolerantes a cambio de que suponga una integración, un consenso, un acomodo. Pero, ¿y si el sistema no da respuesta a la creciente desigualdad, a las masas de inmigrantes, a los defectos de fondo que un productivismo atroz, que desaloja cada vez más a la mano de obra trabajadora,  no es capaz de resolver? No se ven corpus de ideas que replanteen el asunto y menos organizaciones que las asuman como bandera, si bien no se pueden negar atisbos críticos. Para el escritor y premio Nobel Xingjian "Estamos atrapados bajo el yugo de las ideologías del siglo XX. Y el verdadero problema es que esas ideologías devienen en dogma que no resuelve los problemas. Tomemos como ejemplo el marxismo, el comunismo, que se han vuelto una pesadilla. O el fascismo y el nacionalismo que tienen efectos brutales, como hemos visto. Ideologías que a pesar de todo no han sido derrotadas y que, como hemos visto, tristemente no caducan. También el imperialismo, que se transforma en propuestas políticas vacías, no tiene un verdadero sentido”.


1.11.17

Daniel Viglietti se fue















Daniel Viglietti, cantautor uruguayo, icono de la resistencia a través de la poesía y la música que creó y que le costó cárcel y exilio:

"Ayer vi a un hombre mirando,
mirando el sol que salía.
El hombre estaba muy serio
porque el hombre no veía.
Ay, los ciegos viven sin ver
cuando sale el sol."

Estrofa de una de las innumerables canciones que compuso, dentro de la mejor tradición de los cantores suramericanos de las últimas décadas, y en concreto de los tiempos de plomo de los sangrientos mandatarios bananeros. Esta se titula Me matan si no trabajo. Hay canciones mucho más peleonas que la que se cuelga aquí, canciones que nos hacían saltar del asiento o que cantábamos en excursiones. Que nos rebelaban por lo de allí y por lo de aquí. Una manera de sentir el dolor lejano que se pronunciaba también en nuestra propia lengua. 

La ceguera siempre tiene dos interpretaciones. Una, la real y física, y otra la metafórica. La primera es sobre un mal generado en el ojo, innato o adquirido. La ceguera metafórica abunda en nuestros días y también es física, pues ataca la conciencia del individuo y tapa la visión del suelo en que vivimos. Y sin embargo, el sol, la luz, el calor, están ahí. El ciego social o psíquico, digamos, debería disfrutar de él. Dejarse de tanto mito, tanta bandera, tanto seguimiento a los demagogos, tanta fe vana, tanta ideología obsoleta. El método anti ceguera se llama pensar. El sol deberíamos verlo hoy como entendimiento.

Daniel Viglietti falleció el lunes en Montevideo, su ciudad natal.






28.10.17

Emilio Lledó sobre el nacionalismo y la falta de aceptación de los otros
















Al filósofo Emilio Lledó, a punto de cumplir su 90 aniversario, le preguntan en el diario El País si esperaba que después de 40 años de democracia pudiésemos llegar a la situación conflictiva que tenemos actualmente en España. Lledó dice: 

"Me ha sorprendido muchísimo, porque yo he estado de catedrático en Barcelona, desde el 67 hasta el 78 y, con la excepción feroz de una cosa personal, he sido muy feliz como profesor, me he sentido enormemente aceptado. 

 P. ¿Ha faltado filosofía tal como la concibe, como entendimiento del otro? 

 R. Por supuesto, y ha sobrado ignorancia y pasión". 

Se agradecen respuestas precisas y claras en tiempos de sofistas baratos y políticos metidos a trileros o a vendedores de feria, ¿o es al revés? Pero Lledó, con el bagaje que tiene sobre sus espaldas nonagenarias y perspicaces, producto de la sabiduría, sabe encontrar el tono y el lenguaje. Continúa: 

"Yo no soy nacionalista, no sé lo que es. Nací en el barrio de Triana; a mi padre, que era militar, lo destinaron a A Coruña, a Vicálvaro, al acabar la Guerra Civil a la calle, después a Madrid. Cuando acabé la carrera y el servicio militar, en el 52-53, me fui a Heidelberg once años, tres en Valladolid, medio año en Alcalá de Henares, tres en La Laguna, once en Barcelona... ¿De dónde soy yo? Estoy orgulloso de haber tenido toda esta experiencia y de donde realmente soy hoy es de la lengua que puedo hacer con mi manera de pensar, de sentir, de querer, de aceptar a los otros. Esa es mi patria, esa es mi nación y ese es mi nacionalismo; por eso he sido feliz en todos los sitios en los que he vivido. En lo único que se me pudo notar algo de eso que llamamos nacionalismo es cuando estaba en Heidelberg. Me molestaba que hablasen tontamente con estereotipos de mi país, sobre todo porque he tenido la experiencia maravillosa de ser profesor de obreros españoles, la mayoría andaluces". 

Utiliza Lledó la expresión aceptar a los otros y uno se sobrecoge, porque plantea en positivo la opción que nos falla habitualmente en toda clase de relaciones humanas. En cualquier plano. Probablemente sea una de las preguntas que más veces nos hacemos cuando teneos enfrentamiento con alguien: ¿por qué no nos entendemos? Y el filósofo nos aporta su visión: "Por prejuicios, por deformación mental. Qué duda cabe que pertenecer a una lengua tiene componentes sentimentales, pero ojalá yo fuera bilingüe o trilingüe, qué maravilla. Creo que es incultura, deformación, es el desgénero humano. Aristóteles inventa el verbo 'ser humano', que significa querer a los otros, proyectarte hacia los otros, entender a los otros, asimilarlos, hacerlos semejantes a ti. Solo nos diferencia la lengua matriz que hablemos, las ideas y la generosidad que podamos transmitir. Estos días, por estas razones de separatismo y no separatismo, me he sentido muy infeliz; hacía tiempo que no me sentía tan triste, desazonado, ¡hacía años! Creo que desde después de la guerra no me he sentido tan afectado, quizá se deba a que yo no tengo sentimiento nacionalista en este sentido".

Emilio Lledó no tiene el bálsamo mágico que nos salve de nuestras desdichas, ni se trata de tenerlo, pero nos transmite pensamiento racional. Ese sí que debería ser el método. Ya es bastante.



26.10.17

Para qué escribe Mircea Cartarescu



















"Escribo libros para vivir en ellos." Mircea Cartarescu, escritor rumano, entrevistado en Jot Down. Porque los libros no se escriben solo para vivir de ellos, como creen muchos, algo más difícil en estos tiempos. Escribir, según deduzco de lo que dice Cartarescu, sería un ejercicio completo. Un ejercicio vital, no un tratamiento meramente psicológico o, como se lleva ahora, una terapia. Escribir es algo más hondo.  "Escribo en primer lugar para mí, para entenderme a mí mismo. Para saber quién soy y para la gente que se parece a mí. Y si en el mundo hay mucha gente que se parece a mí, me siento todavía más contento." ¿No es toda una declaración racional y realista de quien se va conociendo a sí mismo? ¿No es una declaración de sinceridad que invita a aproximarse a la obra? Prefiero el autor que me dice claramente lo que le ha inducido a escribir de manera natural a quien levanta pompas de jabón que se ven pero no se tocan. "Mis libros son muy diferentes en cuanto al grado de accesibilidad. Algunos son muy sencillos y los puede leer cualquiera, y otros son extremadamente difíciles. Mi obra es como una escalera y para subir esa escalera tienes que empezar por los escalones más bajos y poco a poco ir aprendiendo a subir los escalones más altos." Con esta advertencia el lector en potencia sabe a qué atenerse. Cartarescu proporciona el aviso. Incluso el método para leerlo. Y como sucede en cualquier otro caso hay lectores que prefieren de entrada, si no han catado antes al autor, zambullirse en lo arduo y quien elige lo fácil. No es un tema objetivo ni con leyes inflexibles y, como en el enamoramiento, a veces lo que parece inaccesible se revela como una seducción que nos rinde. Y lo que nos parece facilón nos suscita al poco tiempo desinterés. Enigmas que solamente se resuelven cuando nos arriesgamos.



1.5.17

Nawal el Saadawi, sin pelos en la lengua
















Nawal el Saadawi, escritora egipcia, con 85 años y energía potente: "La esperanza es poder". Mensaje para tipos pesimistas y descorazonados de una mujer que sabe de la resistencia y del sufrimiento por su condición de sexo, de cultura y de expresión política. "En prisión, bailaba para animarme. Nunca me he rendido. Pero lo que más me preocupa de Egipto es lo mismo que me inquieta del resto del mundo. No es posible separar lo local de lo global. Vivimos en un único mundo, no en tres, y está dominado por el mismo poder capitalista, patriarcal y religioso". Respuestas tajantes, precisas, inequívocas. Al pan, pan, y etcétera. El mismo origen del mal, el carácter represivo de todas las religiones, que tanto han marcado a los individuos y han influido, influyen, y determinado en las sociedades. Sin pelos en la lengua: "El cristianismo, el islamismo y el judaísmo, las tres religiones monoteístas que dominan al mundo, son un sistema machista, racista, militar y fanático que oprime particularmente a las mujeres y a los pobres. En Egipto fuimos colonizados por los británicos y ahora estamos colonizados por los estadounidenses y los europeos. Las mujeres nunca podrán ser liberadas en un país que no esté liberado". La extensión del libre pensamiento a la enseñanza, cultura y liberación de la mujer de Occidente, siempre relativas e insuficientes, es un camino de corto recorrido aún en las sociedades donde se conchaban los poderes políticos y religiosos, haciéndose favores y debiéndose mutuamente. "El poder del Estado y el divino oprimen. Por eso los Gobiernos necesitan a la religión. Precisan de Dios para justificar la injusticia". Sin tapujos. Sus declaraciones en El País Semanal, especial Mujeres son un regalo para el lector de periódicos. Al final dice estimulante: "El premio que me interesa es que uno de mis libros le cambie la vida a alguien". Ya solamente lo que opina en la entrevista proporciona oxígeno puro al pesimista, al desesperanzado, simplemente al que duda. 


http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/nawal-el-saadawi-entrevista/



29.4.17

Sergio del Molino corrige a Antonio Machado















Dos o más. Ahí la suerte de nuestra sociedad o de otras aunque lo pregonen menos. Suerte nada en singular, sí bastante en plural. Las sociedades, los países son siempre entidades dinámicas, cambiantes y que chocan entre sí. 

"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón".

Los que hemos nacido, crecido y hecho viejos en este solar siempre escuchamos con fervor explicativo el cantar clarividente de Antonio Machado. Miraras donde miraras, fueras por donde fueras e hicieras lo que hicieras siempre había dos. Aunque algunos opináramos que más. ¿Hemos pertenecido a una de ellas o a las dos alternadamente? Escritor Sergio del Molino, en La España vacía. Viaje por un país que nunca fue: "Hay dos Españas, pero no son las de Machado. Hay una España urbana y Europea, indistinguible en todos sus rasgos de cualquier sociedad urbana europea, y una España interior y despoblada, que he llamado España vacía". ¿Sustituye el criterio de Sergio del Molino al de Antonio Machado? ¿Se superponen? ¿O tal vez son dos visiones, una traducida a poesía y otra a sociología, sin que ninguna de ellas no deje de tener una parte de la otra? Continúa el escritor joven: "La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía. Los fantasmas de la segunda están en las casas de la primera". ¿Es que acaso España se entiende sin su pasado, más ancestro o más reciente? ¿Es que España puede explicarse hoy sin tener en cuenta el peso de una y otra en un momento de globalización que no se conocía?

Con las primera opiniones de Sergio de Molino y las preguntas que me asaltan me sumerjo en la lectura del país que nunca fue. Quiero saber por qué. 





23.4.17

¿Para quién vivimos? Max Aub
















Escritor Max Aub en el prólogo a La gallina ciega: "Sólo vivimos para con quienes convivimos". ¿Comprobación real de nuestros límites o justificación de nuestra caprichosa voluntad? Parece inclinarse el autor por lo primero: "Los demás, la inmensa mayoría, están fuera de nuestro radio de acción. Sabemos que existen, nos enteramos  -mal-  del quehacer de los más destacados, pero nos son ajenos. Sólo nos tocan, influyen, los que de una manera u otra  -hay muchas-  amamos, aun odiándolos o, si llegamos a tanto, despreciamos". Son palabras de 1969, en la introducción al libro que subtitula diario español. Y es que aún la herida de la guerra y sobre todo la de su exilio está presente. ¿Habla de una sociedad puntual, aún dolorosa y dolida, o sirve para cualquier tiempo? Propongo la reflexión sobre ello. Su conclusión particular, no obstante nuestros tiempos presentes de numerosas y complejas redes sociales, facilidad de contacto e intercambio aparentes y relativa disposición de ánimo a la comunicación, me deja helado y pensativo. "No se influye en quien no tiene afinidad con nosotros y menos sobre quien detenta un concepto distinto de la vida". ¿Se trata de influir o de aceptar y convocar a un juego participativo más abierto? ¿Buscamos la aproximación al otro, al diferente e incluso opuesto a nuestros criterios, o huimos de él para refugiarnos entre nuestro particular bando de ideas y conductas? Viejo tema; preguntas firmes y pensamientos vacilantes. Sin clara respuesta.




19.4.17

La patria como ajenidad, en voz del escritor húngaro Ödon Von Horváth















"No tengo un país natal y no me duele..." Ödon Von Horváth, interesante novelista húngaro (de los tiempos del Imperio austrohúngaro, para precisar mejor) que tuvo que huir del nazismo. Es como si denotase que el dolor es propio del que se siente atado a una estructura que íntimamente considera que no es suya. ¿Cuántos habrá así y no lo dicen? Prosigue: "El concepto de patria, falsificado por el nacionalismo, me resulta ajeno...Mi país es el espíritu". De oca a oca en aquellos tiempos, de nacionalismo autocrático a otro más autoritario todavía. ¿Será el destino de todos los nacionalismos acabar con las democracias y dejar sin el verdadero don que debe sostenernos, el libre pensamiento, a sus ciudadanos? La experiencia histórica del siglo XX parece que fue por ahí. Y las amenazas del XXI asoman. No solo entre los grandes países, los de mayor poder e influencia quiero decir, sino incluso entre territorios menores que ensalzan pasados que acaso no fueron como algunos cuentan, ni menos Estados, ni había tanta unidad cultural como se pretende. Un nacionalismo siempre acaba siendo deudor y subsidiario de otros. Buscar identidades para sostener inventos arriesgados puede ser sumamente peligroso para todos. Recurrir a pasados en los que se desplazó a unos hombres por otros, con todos sus bagajes, no es el mejor elemento para progresar. Detrás de las alegorías, siempre laten los oscuros intereses. Pero, ¿por qué no se profundiza en el diálogo y la búsqueda de nuevas formas de organización política que aúnen y no separen a los hombres?

Nota. Traduzco la frase de Von Horváth "mi país es el espíritu" en mi versión laica y creativa, por pensamiento, disponibilidad para el individuo de ir más allá de los límites de un Estado, una religión o un pensamiento único. Tal vez soy un irrenunciable de las ideas de modernidad del siglo XVIII y que marcaron las sociedades occidentales hasta el límite de nuestros días. Límite en juego. 


17.4.17

Los errores reconocidos por Antonio Orejudo (con una apostilla de Marco Aurelio)














Escritor Antonio Orejudo: "Cuando tienes cincuenta años te das cuenta de que te has equivocado en todo. Hay frustración, desilusión. Hay que ser muy ingenuo para no estar desengañado literaria, política y vitalmente". Reconocimiento imprescindible. A esa edad los tiempos de creer que uno se come el mundo se han pasado. ¿Demasiadas aspiraciones y carreras que no se pueden ganar? Tanto en lo político como en lo literario como en las relaciones afectivas o sociales lo peor que puede pasar es competir a dos bandas, con los de fuera y contigo mismo. ¿Puede uno tomarse las cosas de otra manera, incluso desde años de inicial madurez? Marco Aurelio diría: "A todas horas preocúpate resueltamente de hacer lo que tienes entre manos con puntual y no fingida gravedad, con amor, libertad y justicia, y procúrate tiempo libre para liberarte de todas las demás distracciones". ¿No nos habrá pasado a muchos, en la senda de un Orejudo, de que tanto afán por conseguir objetivos máximos nos han dejado desnudos para los más cercanos e íntimos? 
















20.3.17

Leonardo da Vinci: ¿sabiduría o boicot?

















"Para mantenerse sano, esta regla es sabia: coma solamente cuando quiera y saboree la comida". Aforismo del hombre renacentista por excelencia. Ese zurdo genial y sabelotodo que escribía de derecha a izquierda y al revés, para no manchar sus escritos, y cuyos textos solo se pueden leer confrontándolos con un espejo. Algunos dirán: pero eso que aconseja ya se sabe. Y otros: pero hay que reglamentar y ordenar los ciclos diarios de comida. Y otros más: pues mira, cuanto más me entre al buche, mejor. Continua Leonardo Da Vinci: "Mastique mucho para que le siente bien. Los alimentos deben estar bien cocinados, sin condimentar y sin disfrazar. El que toma medicinas está mal aconsejado".

¿Cómo se perciben hoy día sus recomendaciones? ¿Son sabias o van contra los vicios y excesos de nuestras actuales costumbres? ¿Ayudan a la salud del individuo o boicotean la desmesurada producción de alimentos y sucedáneos que proporcionan tanto negocio a fabricantes y cadenas de distribución comercial? Juan de Mairena, de estar aquí, diría sin duda algo así: "Pero Leonardo siempre fue un sabio; igual que diseñó para la física y la técnica de las sociedades sabe lo que dice para equilibrar la química de los cuerpos". Por cierto, ¿estarán de acuerdo las industrias farmacéuticas con las opiniones del sabio? ¿O de volver a nacer Leonardo y en nuestro tiempo borraría alguna parte de sus aseveraciones?























1.3.17

El abecedario zombi de Carolina Meloni y Julio Díaz















"La putrefacción cadavérica reina por doquier. En las urbes, en el campo y hasta en los océanos se impone la degradación…" ¿Comienzo de una novela tenebrosa del romanticismo? ¿Burlesco expresionismo? ¿Redomado surrealismo social? Nada de eso, y si bien habrá quien lo quiera entender como metáfora sería un error, porque la situación del mundo alarma. Lo dicen en una entrevista en El salmón contracorriente Carolina Meloni y Julio Díaz, autores del libro Abecedario zombi. "Ya hacía tiempo que se venía hablando de la muerte de muchas de las instituciones o ideas que servían para vertebrar nuestras vidas, como la del Estado o la del derecho, pero a día de hoy el hedor es aún más grande de lo sospechado hace una década. El panorama es desolador. Cada vez más parcelas de lo real devienen zombi. Y no es una metáfora. Cuando comenzamos a escribir este Abecedario éramos filósofos que robaban conceptos sociológicos o antropológicos para analizar esta realidad moribunda, pero lo hemos concluido como forenses que la diseccionan en busca de indicios y pruebas. Y no ha muerto de forma natural. Hay un claro asesino y se llama capitalismo". 

¡Pesimistas!, ¡populistas!, ¡demagogos! saltará más de un lector al escuchar estas aseveraciones. Pero lo que los autores parecen plantear como un thriller se confirma en la vida real. Nada que toque el actual sistema de producción e intercambio de bienes, apoyado por poderes cada vez más concentrados y autoritarios, garantiza que el planeta, tanto la naturaleza como sus sociedades, estén a salvo. Todo lo contrario. Y en buena parte del mundo los hombres se comportan ya como muertos vivientes, que se mueven de un lado para otro por una serie de quehaceres preestablecidos e impersonales en gran parte de los casos, renegando de la riqueza de su propia individualidad. ¿Suena esto a aquel concepto tan citado como marginado de la alienación? "La working class se parece cada vez más a una walking class", comentan con extraordinario ojo clínico Meloni y Díaz. De clase trabajadora a clase de los muertos vivientes, se podría concluir con una imagen que actualiza y confirma los diversos ángulos con que se expresa hoy la alienación. Un concepto que no solo se limita a la venta de la fuerza de trabajo del asalariado tradicional, sino a la autoexplotación de amplios sectores sociolaborales (¿qué otra cosa son los denominados autónomos que inundan el mercado de trabajo hoy día?) o a la condición de obsesivo y ansioso comprador cotidiano o del colgado espectador de televisiones y redes sociales donde otros te lo dan hecho para que te hagas a la manera que ellos quieren. Es lo del cheque en blanco, o el relato mítico de la venta de la primogenitura por el plato de lentejas. Quién iba a decirnos que el individuo, que libera su carga manifestando su personalidad sea capaz de entregarla de manera tan zafia. Individualidad e individualismo, dos términos antitéticos pero que fomentan un círculo vicioso del cual no sabemos si se saldrá.






22.2.17

El reloj del poeta Machado y del país en el aniversario de su muerte



















"El reloj es, en efecto, una prueba indirecta de la creencia del hombre en su mortalidad". Dice con una genialidad fuera de toda duda Juan de Mairena según su heterónimo Antonio Machado (qué importa que sea al revés) Y sigue diciendo: "Porque sólo un tiempo finito puede medirse. Esto parece evidente. Nosotros, sin embargo, hemos de preguntarnos todavía para qué mide el hombre el breve tiempo de que dispone. Porque sabemos que lo puede medir; pero ¿para qué lo mide? No digamos que lo mide para aprovecharlo, disponiendo en orden la actividad que lo llena. Porque esto sería una explicación utilitarista que a nosotros, filósofos, nada nos explica. Si lo mide, en efecto, para aprovecharlo, ¿para qué lo aprovecha? Pregunta que sigue llevando implícito el '¿Para qué lo mide?' incontestado. A mi juicio le guía una ilusión vieja como el mundo: la creencia de Zenón de Elea en la infinitud de lo finito por su infinita divisibilidad. Ni Aquiles, el de los pies ligeros, alcanzará nunca a la tortuga, ni una hora bien contada se acabaría nunca de contar. Desde nuestro punto de mira, siempre metafísico, el reloj es un instrumento de sofística como otro cualquiera". 

Visto lo visto y lo que dice Juan o Antonio, se me ocurre a mí: ¿Qué otra cosa puede ser un reloj, aunque nos parezca que transcurren las horas o aunque se haya establecido como axioma ese transcurso? Hoy hace 78 años que murió en el exilio de Collioure Antonio Machado Ruiz, pobre, enfermo y desolado. Y la hora de España por ejemplo sigue teniendo una sucesión de tics que no parece que la tortuga se deje pillar por Aquiles ni por otros personajillos menores de nuestro tiempo que creen que avanzamos. Leer a Juan de Mairena o a Machado  -tanto monta monta tanto-  es filosofar con el método de la ironía y el humor. A veces uno se pregunta: ¿cuántas de las aseveraciones, dichos, reflexiones o paradojas señaladas por el poeta no siguen hoy en activo? Pruébese a releerlo, hoy con la excusa del aniversario de su muerte, que no de la privación de su legado sutil y didáctico.



Dibujo de Leandro Oroz


21.2.17

El regalo de los padres a los hijos, en palabras de Zygmunt Bauman














Oído al filósofo Zygmunt Bauman en el programa Salvados: "El mayor regalo que un padre puede hacer a sus hijos es el sacrificio de su tiempo". ¿Tanto se han distanciado las sanas costumbres de antaño que alguien tiene que avisar hoy del abandono que se padece? Creo, o eso me pareció, que más tarde Bauman volvió a decir la frase ampliando su perfil social y afectivo: en lugar del regalo a los hijos habló del regalo a los que quieres. Sin embargo me quedo con la primera intención. No es solo el cuidado lo que se transmite en las primeras fases de una relación entre padres con hijos. Es sobre todo el lazo de la afectividad, del estímulo para la autoestima. del reconocimiento del esfuerzo. La carencia de tal regalo lleva a criar individuos más consumistas que sociales. Y ahí llega el primer desarraigo, después la queja y por último la disfunción. Que uno sepa, las emociones, los afectos y, si se quiere, eso tan difuso llamado amor o cariño nunca puede dimanar de un producto. Ni se puede comprar ni vender. Bauman, muerto no hace aún ni dos meses, ponía el dedo en la llaga de algo más trascendente que otras creencias y usos que rezuman también excesivo hedor a mercancía.




2.2.17

¿De qué habla Robert Burton?























"¿Qué es el mundo mismo? Un vasto caos". Suena fuerte y contundente la definición. Incluso un tanto apocalíptica, y no es una declaración de prensa o criterio generalizado que se pueden estar propiciando ante los acontecimientos que se viven hoy. Aunque podría serlo. También en nuestros días todo es vertiginoso, sin duda que más. Cunde lo malévolo, se endurecen las encrucijadas, se siembra y se recoge desconcierto. Robert Burton, en 1621, ya opinaba con no menos rotundidad de la que hoy podríamos tener. Retomemos al erudito:  "¿Qué es el mundo mismo? Un vasto caos, una confusión de modales, tan variable como el aire, un manicomio, una tropa turbulenta llena de impurezas, un mercado de espíritus vagantes, duendes, el teatro de la hipocresía, una tienda de picardía y adulación, un aposento de villanías, la escena de murmuraciones, la escuela del desvarío, la academia del vicio; una guerra donde, quieras o no, debes luchar y vencer o ser derrotado, en la que matas o te matan; en la que cada uno está por su propia cuenta, por sus fines privados, resiste en su propia custodia." 

Bien. Pongan otras caras, miren otras formas materiales de vida que nos rodean, comprueben las conductas y comportamientos que nos hacen parecer príncipes, adviertan la multiplicidad de máscaras que nos gastamos. ¿No es aplicable al tiempo presente cada uno de los tajantes enunciados de Burton? Alguna de las calificaciones que él hace para su época ¿acaso se encuentran fuera de vigor entre nosotros? A veces recurro a textos de Memoria de la melancolía, de Robert Burton, para paliar la habitual acidez de los días. El refrán mal de muchos, mirando hacia atrás en la historia, también es consuelo de tontos del presente. Qué se le va a hacer. Eso sí, una advertencia. No se lea a Burton reduciendo todo a apocalíptico y convulso. Los acontecimientos que nos toquen vivir hay que desentrañarlos, no obstante la confusión y el desánimo que los elefantes entrando en la cacharrería tratan de consolidar para aprovecharse de nosotros.




31.1.17

Costa-Gavras, director de cine, opina de la democracia















Director de cine Costa-Gavras, hablando de la democracia en la revista digital Les inrocks: "En el pasado, era sin duda diferente y mejor en comparación con el régimen en vigor en los países del Este. Ahora, con la globalización y la toma del poder por las finanzas, la democracia está muy debilitada. Ya no se habla de ideas, ya no se habla del futuro, sólo hablamos de economía, economía, economía..." ¿Se ha reducido el lógos y el discurso consecuente a aspectos económicos que obvian lo que no sea más que cifras y macros? Cuando se le dice al cineasta que sus películas giran en torno al Estado, a la libertad o al poder, se le pregunta: ¿Es que acaso se ha abandonado el debate público? Y responde: "La evolución formal de nuestras sociedades siempre existe pero ahora dependen de los bancos y sus préstamos. Europa está sometida a un capitalismo extremo". Costa-Gavras reconoce que en sus películas existe sobre todo los individuos que denuncian las situaciones. Ahora ha modificado su enfoque: "Más allá de los denunciantes lo que apoyo es la resistencia, y se trata de una figura más moderna y para mí más interesante". Entre los que denuncian y los que resisten, deambula la vida cotidiana a bandazos y por inercia. ¿Cuántos ciudadanos eligen denuncia y cuántos van más lejos resistiendo con maneras nuevas y efectivas?



Fotografía de Muhsin Akgün